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Historia
   


Nuestra Historia

La mujer en el Liberalismo de la negación al poder

 
     
 

El ejercicio de la política sigue siendo el espacio no plenamente conquistado por la mujer colombiana. No obstante ser este hecho una constante en el mundo, sorprende que en Colombia la mujer se enfrente a esta restricción del espacio político a pesar de haber protagonizado tres de las grandes revoluciones del siglo XX. Gracias a la revolución educativa, hoy la mujer tiene en promedio mayores niveles de educación que el hombre.

Por la revolución demográfica, a pesar de la Iglesia Católica y a pesar de los hombres, Colombia con niveles de crecimiento poblacional aproximados del 1.8%, producto de un descenso vertical en las tasas de fecundidad, ofrece un escenario mucho más manejable para las políticas públicas. Finalmente, la revolución laboral que ha llevado al país a las más altas tasas de participación femenina en el mercado de trabajo del continente, es hoy un pilar fundamental para el manejo de la crisis económica al ser las mujeres y, no los hombres, las que han salido masivamente a generar ingresos en actividades precarias.

¿Ha cohonestado el Partido Liberal con este proceso de exclusión de la mujer en la política? Basta con mirar este Seminario sobre las grandes figuras de la historia del Partido Liberal, para concluir dolorosamente que la mujer y su contribución no solo no han sido parte de su agenda sino que se niega su contribución. ¿De que manera se explica que Esmeralda Arboleda de Uribe, la figura femenina más importante del siglo XX, además liberal como pocos, no forme parte de los reconocidos personajes en la historia del Partido? No es la primera vez y probablemente no será la última, en que las mujeres colombianas se sientan ubicadas en los puestos traseros del Liberalismo. Como lo han mencionado historiadoras colombianas, la verdadera contribución de las mujeres a los grandes procesos nacionales está aún por escribirse y esta realidad es aún más contundente en el área del desarrollo político nacional.

No siempre se ha dado esta explícita exclusión de las figuras femeninas. Su protagonismo en la Independencia es parte de la historia nacional y figuras como Policarpa Salavarrieta, Mercedes Ábrego y Antonia Santos están en la memoria colectiva de todas y todos los habitantes de este país. Pero este reconocimiento no se ha mantenido a través de las diversas etapas de la vida nacional, hecho que no se compadece con la creciente y decisiva contribución femenina en lo económico, en lo social y en el desarrollo de la débil democracia colombiana. Esta característica general de la historia contemporánea ha contaminado definitivamente a un Partido como el Liberal que se supone representa la opción progresista del país.

Reconocer la realidad descrita es de crucial importancia no solo para las mujeres del país sino para la sociedad colombiana. La política bien entendida es la más noble de las profesiones porque se refiere al manejo de lo público, al acceso al poder con el objeto de diseñar los derroteros nacionales. Quitarle a la mujer esta oportunidad es dejarla por fuera de las grandes decisiones, es excluirla de la posibilidad real de construir el futuro de su propio país. Un Partido que no reconoce las serias consecuencias de posturas de esta naturaleza no puede tener las banderas de la solidaridad, de la equidad, de la búsqueda de la modernidad.

En momentos en que el Partido Liberal busca su norte, perdido en la maraña de las difíciles situaciones nacionales, es fundamental reversar la tendencia descrita e impulsar la salida del anonimato de la mujer liberal para que se ubique en la posición que se ha ganado y que por lo tanto se merece: su acceso definitivo al poder.

 

UNA MIRADA A LA HISTORIA

 

La sola coyuntura no ofrece los elementos necesarios para comprender el proceso de exclusión que ha vivido la mujer liberal a lo largo de la vida nacional. Es fundamental recurrir a la historia para extraer elementos que permitan identificar factores que a su vez se conviertan en pilares básicos para diseñar las estrategias que permitan el posicionamiento definitivo de la mujer liberal.

La Mujer en el Siglo XIX: Su Invisibilidad para los Partidos

Se reconoce ampliamente en la historia colombiana el gran aporte de la mujer durante el período de la independencia como propagandistas de la causa patriota, proveedoras de material bélico, logística y dinero para los ejércitos americanos, espías contra los ejércitos españoles y, en no pocos casos, combatientes en las batallas entre realistas y patriotas.

Estas acciones, motivadas por una afiliación tanto ideológica como emotiva con la causa independentista, en una época en que no se habían desarrollado las reivindicaciones de género y predominaba el imaginario de la mujer subordinada al varón, legaron para la memoria histórica nacional un numeroso panteón de heroínas y mártires, en el que se destacan, como se mencionó anteriormente, los nombres de Policarpa Salavarrieta, Mercedes Ábrego y Antonia Santos, quienes a pesar de ser las más recordadas no fueron las únicas que arriesgaron su vida, sus hijos y sus bienes por la independencia nacional. Algunas investigaciones sobre el tema cifran en por lo menos ciento cincuenta las mujeres que fueron perseguidas por los ejércitos de Morillo debido a su apoyo a la causa patriota.

No obstante esta valiosa y reconocida participación de las mujeres en el logro de la independencia, las leyes republicanas la excluyeron de la vida pública y el ejercicio de la ciudadanía durante todo el siglo XIX, con la notable excepción del derecho al voto femenino que fue reconocido en 1853 por la provincia santandereana de Vélez, probablemente el primer territorio del mundo donde las mujeres tuvieron, al menos en el papel, la posibilidad de participar en la vida política.3 Sin embargo esta iniciativa no prosperó y al parecer fue rápidamente abandonada. Los partidos Liberal y Conservador, consolidados en la segunda mitad del siglo XIX compartieron durante esta centuria, y buena parte de la siguiente, una concepción de la mujer como sujeto "menos racional" que el hombre, y por lo tanto inepto para la vida política.

Coincide esta postura con el período en el cual el Partido Liberal desarrolló muchas de sus más importantes propuestas programáticas e ideológicas, planteadas por personajes como Francisco de Paula Santander, Tomas Cipriano de Mosquera y Manuel Murillo Toro.

Era apenas lógico que las concepciones y actividades de las mujeres durante este periodo hayan sido invisibilizadas y solo se destaquen aquellas de apoyo a los ejércitos durante las múltiples guerras civiles del siglo XIX.5 Hacia finales de este siglo algunas mujeres comenzaron a destacarse en nuevos campos como la literatura, actividad en la que sobresalió Soledad Acosta de Samper, autora prolífica que aprovechó su habilidad literaria para expresar tanto sus convicciones políticas como sus ideas sobre el potencial de la mujer y el papel que debería jugar en la sociedad.

Cabe destacar que esta autora fue una de las primeras mujeres en nuestro medio que expresó públicamente su filiación política – conservadora -. Paradójicamente el esposo de esta mujer pionera en reivindicar el potencial de su sexo para múltiples actividades adicionales a su rol excluyente de esposa y madre, el destacado político liberal José María Samper, fue durante esta época uno de los mayores voceros de las doctrinas que sostenían la incapacidad de la mujer para la vida política.7

De 1900 a 1930: El Partido Liberal y la búsqueda de Derechos

Los cambios ocurridos en la sociedad colombiana durante las primeras décadas del siglo XX facilitaron a las mujeres colombianas manifestarse públicamente sobre acontecimientos de la vida nacional desde fechas tan tempranas como 1903, a raíz de la separación de Panamá.

Hay que anotar que las principales manifestaciones a favor de nuevos papeles sociales para la mujer durante este principio de siglo, fueron elaboradas por hombres que habían gozado de una educación cosmopolita y entrado en contacto con las nuevas corrientes de pensamiento sobre la situación de la mujer en la sociedad que venían desarrollándose principalmente en Europa.

En nuestro país, los inicios de la modernización en los años veinte durante la época recordada como la "prosperidad a debe" transformaron a muchas mujeres colombianas de amas de casa o campesinas a trabajadoras asalariadas, que se involucraron en las primeras luchas reivindicativas para mejorar la condición de las y los obreros colombianos.

En el marco de estas nuevas experiencias, algunas mujeres de clase media y alta comenzaron a reconocerse como sujetos sociales, partícipes en la construcción del país y tan merecedoras de la ciudadanía como los hombres. Es en ésta época cuando empiezan a surgir las primeras "políticas", ya fueran de ideología liberal, conservadora o socialista, y desde esta posición luchaban por sus reivindicaciones. Los principales temas que las motivaron en los comienzos del siglo fueron: el derecho de la mujer a manejar sus propios bienes, su acceso a la educación superior y sus derechos políticos, comenzando naturalmente por el derecho al sufragio.

Frente a la emergencia de estas reivindicaciones femeninas el Partido Liberal reaccionó tímidamente, incluyendo desde 1922 la "mejora de la condición de la mujer casada" como uno de los principios de su programa.12

De 1930 a 1954: La República Liberal, Reivindicaciones y Ciudadanía

El regreso del liberalismo al poder en 1930 marcó una época de expectativa y acción de las activistas políticas femeninas, muchas de las cuales habían desarrollado una campaña activa en favor del presidente electo, Enrique Olaya Herrera,13 exigiendo a cambio de su apoyo el reconocimiento de las tres reivindicaciones que cohesionaban la movilización femenina en ese momento: independencia económica, acceso a la educación superior y reconocimiento de sus derechos políticos.

De nuevo, el Partido Liberal mantuvo una posición ambigua respecto a las reivindicaciones femeninas durante sus dieciséis años en el poder y aunque contribuyó al reconocimiento legal de las dos primeras reivindicaciones señaladas anteriormente, las que permitieron a la mujer ampliar sus posibilidades de acción social, no tuvo la misma decisión en cuanto al objetivo más importante de la lucha femenina: el reconocimiento de su ciudadanía.

Dos de las reformas mencionadas tuvieron un trámite relativamente rápido, aunque no exento de obstáculos. La ley 28 de 1932 permitió a las mujeres casadas administrar libremente sus bienes y el decreto 1972 de 1933 reconoció a las mujeres el derecho de acceder a la educación universitaria, reformas obtenidas a pesar de la opinión de algunos parlamentarios que no vacilaron en declarar que "las mujeres no deben tener más campo de acción que las paredes de sus casas".

El reconocimiento de estos derechos ha sido visto en ocasiones como una especie de "graciosa concesión" del gobierno Olaya a las mujeres; sin embargo, fue un proceso conflictivo que exigió a las activistas políticas de la época adelantar actividades de presión y cabildeo, así como aprovechar la cercanía personal de algunas de ellas con el presidente.

El derecho a la ciudadanía, en cambio, no fue reconocido tan fácilmente, siendo necesaria una lucha de veinticuatro años y la intervención de un gobierno militar para que a las mujeres colombianas se les reconociera su derecho a elegir y ser elegidas. También vale la pena resaltar que el primer proyecto de reforma constitucional que reconocía la ciudadanía femenina fue presentado – en 1933 – por un grupo de senadores conservadores, proyecto que fue archivado después de haber sido aprobado en primera instancia.

En 1935 los derechos políticos de la mujer volvieron a colocarse en discusión en el Congreso, pero el temor de algunos parlamentarios liberales a que el voto femenino inclinara la balanza del poder a favor del partido Conservador redujo los resultados de esta iniciativa a otorgar a la mujer el derecho a desempeñar cargos públicos "que tuvieran anexa autoridad o jurisdicción".

A pesar de reconocer a las mujeres el ejercicio de varios de sus derechos, la República Liberal no fue capaz de superar el poco racional temor a que el sufragio femenino la defenestrara del poder, como lo muestra la suerte de la última iniciativa emprendida durante este periodo para reconocer la ciudadanía femenina en el marco del proyecto de reforma constitucional del segundo gobierno de López Pumarejo, la cual fue sepultada en 1944 por la mayoría del Senado de la República, incluidos nueve parlamentarios liberales,19 actitud que mereció ácidas críticas por parte del creciente grupo de mujeres liberales en lucha por sus reivindicaciones, cuyo órgano de expresión más visible fue la revista "Agitación Femenina" dirigida por Ofelia Uribe de Acosta.20 Tras el fracaso de esta iniciativa de sufragio femenino la agudización de la violencia partidista y los continuos cierres del Congreso hicieron prácticamente imposible reiniciar la discusión del voto femenino en las esferas del poder.

Es realmente vergonzoso para el Partido Liberal, que uno de los más importantes logros de la democracia, el sufragio universal, tuviera que ser, en cierto modo, impuesto por una dictadura militar.

Hoy se reconoce el carácter oportunista de esta acción del gobierno militar, hecho que en su momento no fue percibido por las mujeres que vieron tan solo el cumplimiento de un deseo antes frustrado; pero finalmente se logró desatar el nudo gordiano generado por el temor de los partidos tradicionales sobre el efecto incierto del voto femenino sobre su capital político.

En la Asamblea Nacional constitucional organizada por Rojas Pinilla se presentó, en diciembre de 1953, menos de seis meses después del ascenso al poder del militar, un Proyecto de reforma constitucional que propuso otorgar a la mujer el derecho al voto sin restricciones de ninguna especie.22 Este espacio único de participación política se reconoció como positivo por el nombramiento como miembros de la ANAC de dos reconocidas activistas políticas, la conservadora Josefina Valencia y la liberal Esmeralda Arboleda poco tiempo antes de presentar a discusión de este órgano la propuesta de reforma por la que se reconocía a la mujer colombiana el pleno ejercicio de sus derechos políticos, iniciativa aprobada finalmente mediante el acto legislativo número 3 del 27 de agosto de 1954.

De 1958 Al Presente: El Partido Liberal: ¿De Espaldas a la Presencia Femenina?

La participación política de la mujer en Colombia, una experiencia tan reciente que no alcanza los cincuenta años, se ha visto afectada por una serie de talanqueras que le han impedido desarrollar más ampliamente su potencial de cambio. A pesar del reconocimiento hecho en 1954 del derecho de la mujer a elegir y ser elegida sin restricciones de ninguna especie, el ejercicio práctico del sufragio femenino se vio aplazado hasta 1957, año en que las mujeres pudieron votar en el plebiscito mediante el cual se institucionalizó el Frente Nacional.

La naturaleza hostil a la ampliación del espacio político de este acuerdo bipartidista y el lento e inevitable aprendizaje de las mujeres colombianas respecto al ejercicio de su recién adquirida ciudadanía, se conjugaron de manera tal que durante la vigencia del Frente Nacional, la participación femenina en la política nacional fue mucho menos activa e influyente de lo que habían esperado las activistas que durante casi veinticinco años lucharon para obtener el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres. Durante este periodo el voto femenino fue minoritario respecto al masculino, y fue afectado en mayor medida por el marcado abstencionismo que caracterizó las elecciones.23

Los intentos de las activistas liberales de la época por adquirir un mayor protagonismo fueron obstaculizados en ocasiones por destacados miembros del partido como Carlos Lleras Restrepo, quien en 1958 ordenó a los liberales "evitar la citación a manifestaciones públicas por parte de personas que no tuvieran la autorización previa de la Dirección Nacional", medida dirigida, entre otras personas contra Ofelia Uribe de Acosta, Lucila Rubio y Anita de Karpf, todas ellas liberales y activistas destacadas durante la lucha por el reconocimiento legal de los derechos civiles y políticos de la mujer.

A pesar de algunas reformas puntuales hechas por el partido, como la inclusión estatutaria de la representación femenina en los directorios regionales, municipales y la Comisión Política Provisional, acordada en 1963,25 la participación femenina no adquirió un carácter relevante en el seno del oficialismo liberal, en lo cual incidió, según algunas de las propias activistas, una actitud conformista de buena parte de ellas, que se sentían satisfechas con el reconocimiento legal de la mujer como sujeto político y la ocasional inclusión de algunas mujeres en las listas oficiales para elecciones.26 Otras, más inconformes, se desplazaron hacia los movimientos políticos opuestos al statu quo del Frente Nacional, como el MRL, la ANAPO y una gran variedad de partidos de izquierda.27

Paradójicamente, en estas décadas de los 60 y 70, cuando las mujeres comenzaron a hacer sentir su presencia en múltiples espacios de la vida nacional como la academia, las artes y la televisión, entre otros, no se dio una participación de importancia similar en la política colombiana.

El desencanto de la mayoría de la población femenina con el sistema de alternancia excluyente establecido por el Frente Nacional se puede observar en su escasa participación electoral durante la época, la cual fue, en promedio del 36.6% de las votantes potenciales.28 Cabe señalar también que los índices de participación femenina se incrementaron notablemente para las elecciones de 1974, una vez concluido el pacto bipartidista.

En dicha campaña se registró un importante apoyo femenino al candidato ganador, Alfonso López Michelsen, quien como presidente nombró a varias mujeres en posiciones de importancia significativa, como gobernaciones departamentales. Sin embargo, la actividad política de las mujeres que tuvieron conexiones con el gobierno López siguió concentrándose en la obtención de medidas jurídicas para reformar algunas normas discriminatorias que continuaban persistiendo en la legislación nacional, más que en la búsqueda de mayor participación y vocería en las propuestas programáticas del liberalismo.

Se mantuvo el esquema paradójico de un progresivo incremento de la presencia femenina en la mayoría de escenarios de la vida nacional del que ha quedado excluida la política, donde la mujer se ha mantenido en una posición subordinada y dependiente en alto grado de la voluntad masculina para acceder a espacios relevantes. Desde este periodo comienza a configurarse una tendencia que, a grandes rasgos, parece mantenerse hasta nuestros días: la organización de la mayoría de movimientos de mujeres en torno a vertientes de la teoría feminista que han llevado a estos colectivos a un abandono más o menos explícito de la política tradicional representada por los partidos liberal y conservador.

Los gobiernos de López Michelsen y Turbay Ayala adelantaron algunas acciones puntuales respecto a la integración de la problemática de mujer y género dentro del aparato gubernamental, en parte como respuesta al liderazgo que algunos de los grupos feministas más contestatarios habían adquirido respecto al tema.32 Sin embargo, ni estas medidas abrieron espacio para la participación de la mujer en las grandes líneas políticas de éstos gobiernos liberales, ni las mujeres liberales parecen haberse esforzado en adquirir un mayor poder decisorio frente a las políticas del partido.

Para las elecciones de 1982 los candidatos Belisario Betancur y Luis Carlos Galán integraron grupos femeninos en sus campañas que realizaron propuestas políticas sobre temas relacionados con el género. Betancur, una vez elegido presidente, decidió aumentar la presencia femenina en el manejo del estado nombrando mujeres en la mayoría de los viceministerios.33 Aunque esta decisión contribuyó a promover el desempeño de mujeres en altos cargos del estado, también ha influido en una de las mayores debilidades de la presencia femenina en el panorama político nacional: la alta dependencia de la voluntad masculina para acceder a estos espacios privilegiados de acción política, que en la actualidad se ve reflejada en la diferencia existente entre la cantidad de mujeres actuando en cargos de nombramiento directo respecto al número, mucho más reducido, de las que han ganado su puesto en cargos de elección popular.34

En 1988 se presentó una coyuntura importante para la participación política de las mujeres, cuando el gobierno de Virgilio Barco convocó a diversos sectores sociales a presentar sus propuestas y demandas con el fin de integrarlas en la iniciativa de reforma constitucional que impulsaba ante el legislativo.

Dos organizaciones femeninas radicadas en Bogotá, el Colectivo de Mujeres de Bogotá y la Unión de Ciudadanas Colombianas (UCC) respondieron a este llamado presentando un proyecto de constitución que contó con el respaldo de dieciocho organizaciones sociales de la ciudad y fue presentado ante la comisión de reforma constitucional del Congreso.

A pesar del sabotaje del Parlamento al proyecto de reforma presentado por el gobierno Barco, el reactivado proceso de movilización política de las organizaciones femeninas no se detuvo, integrándose al movimiento a favor de la Asamblea Nacional Constituyente y a las Mesas de trabajo organizadas para proponer iniciativas de reforma con miras a ser consideradas en el futuro ente legislativo. Sin embargo, la mayoría de las propuestas de estas organizaciones, continuaron centrándose en reivindicaciones de género demasiado específicas,35 sin que al parecer se intentara integrarlas en temáticas de alcance más amplio, que permitieran sustentar un mayor protagonismo político.

No obstante, cabe destacar los resultados positivos de la actividad de las mujeres durante la Constituyente, visibles en los numerosos derechos femeninos que la constitución de 1991 consagró como principios constitucionales, entre los que resalta el Artículo 40 que compromete al Estado colombiano a garantizar la adecuada participación de la mujer en los niveles decisorios de la administración pública.36

La extensión de las posibilidades de acción política que ha surgido a raíz del proceso de descentralización y la elección popular de alcaldes y gobernadores ha facilitado una mayor presencia participativa de las mujeres colombianas en el escenario político. Sin embargo, al interior de los partidos, la mujer parece mantenerse en una posición subordinada, generada en buena parte por las dificultades para consolidar una base electoral autónoma que les permita independizarse de las directivas de los partidos, aun controladas por los "barones" electorales.

Los procesos electorales adelantados en forma más o menos contemporánea con la Constitución de 1991 han mostrado un aumento de la presencia política de la mujer,38 que sin embargo no ha logrado romper el monopolio masculino del poder en las instituciones gubernativas de mayor importancia, como la Presidencia y el congreso. También se ha presentado un posicionamiento del tema de género que ha obligado a partidos y movimientos a formular propuestas para el desarrollo de las mujeres colombianas,39 a pesar de que su presencia en los escenarios más visibles del poder político continúe siendo decididamente minoritaria en los cargos de elección popular y muy dependiente de la voluntad masculina en los cargos de nombramiento.

EL TECHO DE CRISTAL DE LA MUJER LIBERAL

 

A pesar de sus logros, del reconocimiento social sobre sus capacidades, existe actualmente un techo de cristal que le impide a la mujer llegar a los verdaderos niveles de poder político. Para un país lleno de mujeres ejecutivas que manejan los niveles intermedios dentro del sector público y privado, que se reconocen como importantes protagonistas del devenir nacional, puede resultar una sorpresa el planteamiento sobre la dificultad estructural de ascender definitivamente a los niveles donde se maneja realmente al país. Pero al repasar rápidamente la historia surgen elementos que permiten concluir que el carácter excluyente del Liberalismo con respecto a la mujer es parte de un contexto general de la sociedad colombiana que no visualiza el rol político de la mujer como ciudadana independiente y autónoma.

Tanto hombres como mujeres han contribuido a mantener el peso de una cultura patriarcal que persiste pero que se oculta detrás de las posibilidades reales de acceder a muchos niveles mientras no se altere la estructura masculina del poder político. Colombia es una clara muestra de la coincidencia de avances de la mujer en términos de salud, educación y trabajo con la prevalencia de valores que mantiene la relación patriarcal y que la excluyen del manejo del poder. Al mirar con ojo crítico el accionar de las mujeres en la política, es evidente que ha predominado la necesidad de luchar por sus reivindicaciones sobre la posibilidad de participar en los debates ideológicos. Absolutamente explicable es este proceder dado lo que brillantemente Esmeralda Arboleda de Uribe llegó a definir como " una Nación que con total desvergüenza legitimaba la discriminación y la supuesta inferioridad femenina".39

En este campo, la lucha de la mujer ha sido relativamente exitosa y en términos de legislación Colombia ofrece las posibilidades, cuando se cumplan las leyes, de alcanzar mayores niveles de equidad de género. Además, si se reconoce lo tarde que empezó esta lucha en el país y el hecho de que las colombianas han obtenido mayores espacios que sus congéneres latinoamericanas, los logros en este campo han sido considerables. Pero el haberse limitado a las demandas por su bienestar excluyéndose de debates sobre los derroteros de la sociedad, han frenado el avance de la mujer hacia la conquista del poder real. Sorprenden las declaraciones de Esperanza Arboleda cuando buscó el apoyo del Partido Liberal para ser parte de la ANAC: "Quiero dejar claro que no intervendré en debates que se refieran a la política de los partidos. Me propongo trabajar con Josefina (Valencia de Hubach) por la consecución del voto universal para la mujer colombiana…".40

Pero en el país no solo prevalecen valores que se convierten en techo para el avance de la mujer sino que la estructura de poder ha cerrado las posibilidades de disentir obligando a aquellos en desacuerdo a marginarse de la institucionalidad vigente. La democracia colombiana plena y real es una de las grandes tareas pendientes en el país. El reconocimiento de esta realidad ha llevado a muchas mujeres a reforzar las estructuras y muchas líderes han aceptado el rol de guardianas de la civilización occidental y cristiana que en su momento se vio amenazada por el comunismo.41 Las trasgresoras han tenido que actuar fuera de las instituciones reconocidas y aceptadas por una sociedad cerrada y el Partido Liberal no ha abierto sus puertas para expresiones progresistas y menos si provienen de grupos de mujeres.

 

HACIA LA BÚSQUEDA DEL PODER POLÍTICO

 

El escenario actual del país obliga a replantear los objetivos de los movimientos de mujeres y a forzar la apertura definitiva de las arcaicas estructuras de dirección de los partidos políticos en general y del Partido Liberal en particular. La crisis del país que no parece encontrar una salida rápida ni a su proceso de desarrollo ni a su violencia generalizada exige el compromiso real de todas y todos los colombianos. El país necesita replantearse en todas sus dimensiones y generar alternativas para encontrar el camino de la reconstrucción nacional.

Es una nueva etapa para los movimientos de mujeres que deben entender la economía, perderle el miedo al ejercicio de la política y avanzar más allá de sus propias reivindicaciones. También para el Liberalismo, cuyos principios que buscan una verdadera democracia económica y política donde todas y todos tengan la posibilidad de una vida digna, se enfrentan a las limitaciones de una sociedad que rechaza sistemáticamente las reformas estructurales. La voluntad de las mujeres para acceder a los altos niveles de decisión política y la apertura democrática de un Partido que se reforma o muere, debe conducir a la generación de propuestas para encausar al país.

Para iniciar la etapa propositiva, paso fundamental en la búsqueda del poder político de las mujeres, dentro de lo que debe ser el nuevo Partido Liberal, se sugiere un conjunto de principios que recogen las banderas de las figuras históricas del Liberalismo. Cohesión nacional, defensa de derechos y ética política son los pilares de lo que podría convertirse en la propuesta de la mujer liberal.

Dignidad nacional, hoy sustituida por el neocolonialismo económico; soberanía nacional, cuestionada por los grupos armados; autoestima e identidad nacional, diluida en medio del ostracismo en que se haya sumido el país; unidad e integridad de la Nación –Estado, hoy seriamente amenazada y esfuerzo interno, imprescindible para construir la base económica de la nacionalidad, conforman el primer bloque que sentarían las bases del proyecto de reconstrucción nacional.

Respeto a los derechos humanos, el gran pecado nacional frente al mundo, democracia política y democracia económica, bases fundamentales de un sistema que respete a sus ciudadanos; equidad de género, único principio frente al cual el Partido ha sido reactivo y nunca propositivo; se convierten en la expresión de la solidaridad con el pueblo liberal al cual el Partido debe su lugar.

Civilidad en la lucha política, única respuesta válida para la solución de los conflictos; transparencia, sin la cual el ejercicio político pierde su razón de ser; institucionalidad política, sobre la cual se construye la democracia; gobernabilidad, representatividad y llamado a cuentas, base de la relación entre un gobierno democrático y la gente que lo elige, .y legitimidad en el liderazgo, sin lo cual es imposible lograr la credibilidad y la participación voluntaria de los ciudadanos en el proyecto de nación, son las reglas del juego que hacen legítima la actividad política en una sociedad democrática.

En la medida en que las mujeres se apropien de estos principios, podrán consolidar una presencia activa y propositiva en el panorama político del país, generando ideología y programas que respondan a las necesidades de las colombianas y los colombianos. ¿Se convertirá el Partido Liberal en el escenario adecuado para el desarrollo de las renovadas energías políticas de las mujeres colombianas? Esta es la pregunta que se somete a su consideración.

 

FUENTES CONSULTADAS

 

Laverde Toscano, Maria Cristina. "Esmeralda Arboleda: Una Mujer, Nuevos Caminos". En: Revista Nómadas No 6. Bogotá. marzo 1997.

Molina, Gerardo. Las Ideas Liberales en Colombia. Bogotá. Editorial Tercer Mundo. 1982.

PNUD-DNP. Informe de Desarrollo Humano para Colombia 2000. Bogotá. 2001g

Presidencia de la República – Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres. 40 años del voto de la mujer en Colombia. Bogota. 1997. T. 1

Velásquez Toro, Magdala (Dir.). Las Mujeres en la Historia de Colombia. Bogotá. Norma. 1995. T. 1.

Velásquez Toro, Magdala. "La condición de las mujeres colombianas a fines del siglo XX". En: Nueva Historia de Colombia. Bogotá. Planeta. 1998. T. 9.

Villarreal, Norma y Luna, Lola. Historia, género y política. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia, 1930-1991. Barcelona. Universitat de Barcelona. 1994

1 Cherpak, Evelyn. "Las mujeres en la Independencia. Sus acciones y sus contribuciones". Las Mujeres en la Historia de Colombia. Dir. Magdala Velásquez Toro. Bogotá. Norma. 1995. T. 1. pp. 83-116

2 Castro Carvajal, Beatriz. "Policarpa Salavarrieta". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 117

3 Velásquez Toro, Magdala. "Aspectos de la condición jurídica de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 175

4 Velásquez Toro, Magdala. "Aspectos de la condición jurídica de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 177-178

5 Velásquez Toro, Magdala. "Aspectos de la condición jurídica de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 176-177

6 Samper Trainer, Santiago. "Soledad Acosta de Samper. El eco de un grito". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 132-155

7 Las concepciones reseñadas anteriormente sobre el carácter menos racional de la mujer y su incapacidad para la política fueron hechas, precisamente por José María Samper. Ver nota 5

8 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia, 1930-1991. Barcelona. Universitat de Barcelona. 1994. p 70.

9 Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 183-188

10 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. pp. 73-76

11 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. p. 79

12 Molina, Gerardo. Las Ideas Liberales en Colombia. Bogotá. Editorial Tercer Mundo. 1982. p. 85

13 Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 190

14 Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 191-196

15 Esta afirmación fue hecha en 1935 por el parlamentario Arturo Hernández, del cual no tenemos información obre su filiación política. Ver: Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. p. 86

16 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. p. 85

17 Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 199-200

18 Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 207

19 los nombres de estos parlamentarios se recogen en: Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 223

20 Velásquez Toro, Magdala. "La República Liberal y la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 227-228

21 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. pp. 123-128

22 Velásquez Toro, Magdala y Reyes Cárdenas, Catalina. "Proceso histórico y derechos de las mujeres, años 50 y 60". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. p. 249

23 Presidencia de la República – Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres. 40 años del voto de la mujer en Colombia. Bogota. 1997. T. 1. p. 46

24 Presidencia de la República – Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres. 40 años del voto de la mujer en Colombia. T. 1. p. 47

25 Presidencia de la República – Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres. 40 años del voto de la mujer en Colombia. T. 1. p. 48

26 Esta era, por lo menos, la opinión de Ofelia Uribe de Acosta, destacada luchadora feminista y liberal respecto a la actitud de los movimientos de mujeres tras la obtención del derecho a elegir y ser elegidas. Ver: Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. p. 152

27 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. p. 163

28 Este fue el dato promedio para las elecciones presidenciales entre 1958 y 1974. Ver: Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. p. 163, nota 359

29 Presidencia de la República – Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres. 40 años del voto de la mujer en Colombia. T. 1. p. 60

30 Presidencia de la República – Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres. 40 años del voto de la mujer en Colombia. T. 1. pp. 61-63

31 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. pp. 179-180

32 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. pp. 187-189

33 Villarreal, Norma. "Mujeres y espacios políticos. Participación política y análisis electoral". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 325

34 PNUD-DNP. Informe de Desarrollo Humano para Colombia 2000. Bogotá. 2001. pp. 53-55

35 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. pp. 190-191

36 Villarreal, Norma. Movimientos de mujeres y participación política en Colombia. pp. 192-193

37 Villarreal, Norma. "Mujeres y espacios políticos. Participación política y análisis electoral". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 328-329

38 Villarreal, Norma. "Mujeres y espacios políticos. Participación política y análisis electoral". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 338-346

39 Villarreal, Norma. "Mujeres y espacios políticos. Participación política y análisis electoral". Las Mujeres en la Historia de Colombia. T. 1. pp. 326-327

39 Laverde Toscano, Maria Cristina. "Esmeralda Arboleda: Una Mujer, Nuevos Caminos". Revista Nómadas No 6, marzo, de 1997. p. 48.

40 El Espectador. Bogotá. Agosto 3 de 1954. En: Laverde Toscano, Maria Cristina. "Esmeralda Arboleda: Una Mujer, Nuevos Caminos". Revista Nómadas No 6, marzo, de 1997. p. 52.

41 Velazquez, Magdala. "La condición de las mujeres colombianas a fines del siglo XX". Nueva Historia de Colombia, Bogotá, Planeta, 1998. T. 9. p. 55

 

 
 
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