FINAL
Historia
   

 

La libertad de la Nueva Granada y el Radicalismo del Siglo XIX

 
     
 

Contexto social historico

El contexto social histórico en las tierras de ultramar españolas es dependiente de los desarrollos en España y en Francia, principalmente.

El siglo decimonónico hace apertura con la continuidad de la vivencia en la "España Americana" del Antiguo Régimen español y de las noticias clandestinas sobre el movimiento de la Ilustración francesa y de la Revolución de 1789. Por otra parte están también las novedades que en forma fragmentaria llegaban sobre el desarrollo de las ciencias en Europa.

Las libertades en el absolutismo.

De los diferentes matices del absolutismo podemos abstraer dos posiciones fundamentales: la realista centralizadora y la de los caminos de la Ilustración en España

Las libertades fueron confiscadas muy tempranamente en España antes de 1492 con el régimen señorial que allí se estableció. La jurisdicción de un señorío conllevaba el reconocimiento del vasallaje de los habitantes que estuvieran dentro de sus límites, lo que quería decir, pago de un tributo y pertenencia al lugar. El cultivo de las tierras que el señorío no empleaba eran dadas en arrendamiento a los labradores que tuvieran medios mínimos para trabajarlas; como era al menos una yunta de bueyes y algunas herramientas de siembra y corte. Los arriendos eran concedidos en pública subasta al mejor postor. Lo que era un elemento capitalista en pleno Antiguo Régimen, como lo comenta Miguel Artola (1978): Los señoríos estaban adjudicados por la Corona o así se habían constituido desde muchos siglos atrás, para la nobleza y la iglesia con toda una serie de prerrogativas económicas y judiciales. Los labradores estaban obligados a pagar diferentes tipos de tributos o de obligaciones, mientras la nobleza estaba exenta de ellos junto con el clero. Con el tiempo esta es una situación que siempre va a estar presente en las reclamaciones de este sector social. De todas estas obligaciones la más onerosa era la del diezmo, porque era de cobro directo e imperiosa.

Los municipios, otro elemento importante del Antiguo Régimen, tenían su propia reglamentación para lo que era su administración; ésta también fue fuente de conflictos entre derechos de los señores y los que el ayuntamiento se iba tomando para establecer los oficios y los nombramientos internos de la propia administración. Los litigios eran continuos, porque el ayuntamiento establecía el orden económico; así tamaño de las parcelas, los horarios de trabajo y el usufructo de los bienes comunales como los bosques y pastizales para los pobres. El derecho señorial establecía que donde quiera que el poseedor tuviera tierras y casa tenía derecho a los bienes del común, es así como los señores usufructuaban de preferencia los bienes comunales y los monopolizaban para su ganado, dando lugar a las diferencias mencionadas, especialmente con los labradores que no eran poseedores de tierras, sino arrendatarios por períodos no mayores de diez años.

Sin embargo, no podemos afirmar que las llamadas libertades locales en España fueran una cuestión de definición de intereses entre los señores y el ayuntamiento. Los intereses se mezclaron todo el tiempo desde los comienzos de la Edad Media al siglo XV. En los comienzos de este siglo la caída de los musulmanes y la conquista total del territorio por los reyes católicos hace que la situación cambie parcialmente. Las formas de elección establecidas para los cargos de representación, mezcladas con la práctica de la venta de los oficios de gobierno, estuvieron monopolizadas por los señoríos, dando lugar a unas oligarquías locales y al control político que el grupo triunfante establecía sobre los contrincantes.

El monopolio de la administración por un grupo hacía que éste usufructuara la organización social de la vida colectiva a su favor. Es lo que a través de los siglos sucedió con las relaciones entre labradores y señores con respecto a las obligaciones económicas de los primeros; también fue lo que se desarrolló con el usufructo de los bienes municipales y de los bienes comunales, para que éstos quedaran bajo el control de un señorío y de sus clientelas. Como dato curioso éstas operaban con mucho desarrollo de sus mecanismos manipuladores. Se desvirtuaban así los mecanismos de equilibrio existentes entre la nobleza y los pobres. El derecho de uso de los pastizales quedaba para el ganado numeroso de los señores, mientras que para los dueños de uno que otro animal, no había oportunidades. Lo mismo pasaba con el corte de la leña.

También está el delicado problema del derecho foral, porque al contrario de lo que siempre se ha presentado como las libertades locales y su defensa, ésta legislación a su vez representaba viejos derechos medievales, pero a favor de la nobleza de esos territorios. Aunque había elementos que podían interpretarse como libertarios y en algunas casos particulares fueron utilizados contra la centralización de la Corona, ésta casuística no puede valorarse como libertad en el sentido constitucionalista producido por la Revolución Francesa. Lo propio del derecho medieval y de su coexistencia con el absolutismo fue el mayorazgo, instituido por Dios, y los diezmos. A esto hay que agregar el establecimiento de la inquisición y sus tribunales por los reyes católicos como institución diferente a la ya existente de los papas.

En este contexto de mezcla de diferentes matices del orden autoritario destacamos una dimensión libertaria del derecho foral y en especial del reino de Aragón, que se opuso al reconocimiento de la inquisición como contradictoria con el derecho del reino.

Una situación que hizo historia fue el caso del secretario Antonio Pérez durante el reinado de Felipe II. Resumiendo dicha situación diremos que el famoso secretario fue acusado de la muerte del político Escobedo a su vez informante importantísimo de Pérez. Puesto preso con las prerrogativas propias de su rango, el rey le prometió su gracia si confesaba que dicho crimen había sido cometido por el interés de la Corona o la "razón de Estado"; el secretario nunca confesó haber cometido este asesinato, por otra parte, hizo declaraciones que involucraban al mismo rey. Caído en desgracia se le trasladó de cárcel para ser juzgado por el tribunal de la inquisición, de acuerdo a los intereses reales.

Pero Pérez logra fugarse y entrar en el reino de Aragón, acogiéndose a sus instituciones. En la nueva situación se le imputaba haber proferido blasfemias en su celda; como era corriente en estos casos el tribunal inquisitorial había recibido la delación de un antiguo criado del secretario. Conducido el recluso al territorio de Aragón, el reino reaccionó a su favor y no quiso entregar al supuesto delincuente con el argumento de que en dicho territorio no operaba el tribunal inquisitorial, sino las leyes del reino aragonés, las que el mismo rey había jurado respetar. Producido el conflicto, las tropas reales fueron enviadas para hacer cumplir lo dispuesto. El reino es invadido, las represalias realizadas, pero el reo se fuga de nuevo y pasa la frontera hacia Francia.

Este caso como el del obispo Bartolomé Carranza y muchos otros, prueban cómo España vive bajo la incertidumbre total. Con la justicia del imperio funcionando al servicio irrestricto del rey y de la iglesia española, a través de la organización inquisitorial, se establece otro elemento de la negación de las libertades. Imposible la existencia de la libertad donde la justicia opera a través del secreto y de la tortura; es decir, del desconocimiento por parte del acusado del delito que se le imputa, pero donde él ha de buscar en su mente faltas cometidas contra la fe. Por otra parte, el papel de la confesión es arrancar a través de la tortura lo que el tribunal disponga.

Otra dimensión coexistente con las anteriores es la de las "crisis de subsistencias" o como se llamó en Inglaterra, crisis de estómago. Pero en una y otra nación los tratamientos fueron muy diferentes.

Distintos documentos sobre la subida del precio del trigo, de la harina y del pan dan cuenta de lo que pasaba en muchas localidades y regiones, cuando la situación alcanzaba límites insoportables, conducentes a la muerte masiva por hambre, no solo de los mas pobres, jornaleros y vagabundos, sino de los campesinos. Los señores, los comerciantes, los molineros, los panaderos se enriquecían con la escasez producida artificialmente y el acaparamiento de tan vitales productos. El campesino pobre y el labrador que no podían reservar una parte de su producto para vender después y que por sus circunstancias estaban obligados a vender a penas producida la cosecha, fueron los más perjudicados. Esta situación de venta obligada de los cereales a bajos precios nunca pudo controlarse por la administración, aún en los casos en los que estaban interesados en hacerlo. Operaban los mecanismos del mercado y de la ganancia por encima de los intereses nacionales o de las solidaridades que el absolutismo pudiera ofrecer. Los acaparadores nobles y eclesiásticos y aún de la misma administración, la que en periodos de subida de precios también recibía las obligaciones en especie, todos ellos almacenaban y guardaban para los meses de escasez generada por ellos, enriqueciéndose con dicha situación. Cuando la situación era límite y la hambruna comenzaba a causar estragos, se producía el motín; éste consistía en el asalto a almacenes, a los molinos y aún a las carretas que transportaban los cereales para exportarlos o para venderlos en otras regiones de la misma península. En muchos de estos levantamientos los comunes fijaban el precio y en estas excepcionales circunstancias, los acaparadores eran obligados a vender al precio convenido por los amotinados. Todo esto era recurrente en la Edad Media y en el absolutismo, con las crueles represalias, pasado el motín. Los pobres con el transcurrir del tiempo fueron haciéndose más numerosos, cayendo muchos de ellos en la indigencia absoluta y siendo cruelmente perseguidos por haber salido del trabajo y por estar en la condición de errantes sin oficio.

Hasta aquí hemos presentado la situación medieval y la del absolutismo en las que las crisis de subsistencias significaban un conjunto de elementos de desestabilización del reino, porque la autoridad era puesta en cuestión y porque las erogaciones para comprar el trigo en el extranjero conducían a préstamos muy onerosos en el extranjero, en especial con los genoveses. La preocupación de la Corona y de su gobierno de Consejos se concentraba en el estado de una economía cada vez más débil, por lo que era necesario asegurar la producción de trigo, los difíciles controles a los acaparadores y evitar que salieran del círculo económico productores activos a los que las cargas señoriales convertía en indigentes. Sin embargo, el problema del Antiguo Régimen era que conociéndolo no lo podían solucionar, porque éste exigía respuestas imposibles para el sistema: acabar con los mayorazgos y los diezmos, así como producir una reforma que proporcionara tierras a los labradores y a los campesinos. Muchas veces estas soluciones fueron discutidas en la red de consejos que asesoraban a la Corona. Algunas veces se hizo lo necesario hasta llegar a tener una economía planificada de precios, pero todo se estallaba ante la imposibilidad de hacer circular la tierra a favor de quienes corrían todos los riesgos: el grupo de los labradores y campesinos. Los señores vivían de una tarifa de arriendo que variaba con el mercado y para ellos era indiferente si las condiciones climáticas arruinaban la cosecha; ellos no se perjudicaban. La Corona por su parte apreciaba que si el reino no era solvente en los alimentos, ella no podía atender a sus gastos de guerra y de mantenimiento de la Corte. De ahí las reformas de Carlos III a favor del fomento de la economía y del saber aplicado al trabajo. El fortalecimiento fiscal de la Corona pasaba por un equilibrio que implicaba reformar lo existente. Esto significaba acabar con el parasitismo de los mayorazgos y de los diezmos que no permitían la acumulación de capital. España no tenía en qué invertir, el capital sobrante era dilapidado en consumo suntuoso y los interesados en capitalizar sus ahorros en la actividad más importante de la economía no lo podían hacer porque no había tierra para poseer.

En estos procesos observamos la incoherencia de la afirmación tan difundida de las libertades locales en el absolutismo. Este aspecto de las subsistencias y de la ubicación final de la inversión demuestra la necesidad que el Antiguo Régimen tenía de acabar con los señoríos y su régimen de mayorazgos.

La ilustración Española

Consecuentes con nuestro objetivo de presentación de la dimensión de libertad heredada de la organización social española y de las transiciones hacia nuevas prácticas, señalaremos los procesos más sobresalientes de su restricción o de su fortalecimiento. Nos referiremos a la lectura y a la escritura como medios especiales que propician el intercambio en las diferencias y que conducen a evaluaciones de lo que cada presente elige del pasado heteróclito del que dispone.Los reyes católicos instauraron la práctica social de la escasa escritura y lectura por las prohibiciones que establecieron y los desmedidos castigos a través de la inquisición para sus violadores. Pero no siempre las cosas fueron así; por el contrario, España tenía una tradición diferente manifiesta entre otras cosas por la famosa Escuela de Traducciones de Toledo. Todos los textos nuevos que llegaban a España eran traducidos en las tres lenguas importantes del mundo culto de la península, el latín, el árabe y el hebreo. Es así como el Rey Fernando El Bueno, en el siglo XIII, se declara rey de tres religiones. En el siglo XVI la inquisición logra apropiarse totalmente del espacio cultural español e impone su persecución en especial a los libros. De estas transformaciones dan cuenta no sólo los procesos de la inquisición, el Indice y la forma de funcionar la imprenta más importante de ese siglo en España, la de los Gromberger, que terminó haciendo misales y demás libros religiosos hasta llegar a su ocaso hacia finales de ese siglo, después de haber sido una de las importantes de Europa y no sólo de Sevilla, donde estaba radicada.

Felipe II no solo controló lo que la nación española leía, sino lo que ella también escribía y estudiaba; famosa es su disposición por la que hace regresar, en el perentorio plazo de cuatro meses a todo español que esté dedicado al estudio en el extranjero; de lo contrario, se le confiscarían todos los bienes y se le pondría preso cuando tuviera a bien entrar en territorio español.

Por otra parte, la escritura referente a los reinos de ultramar también estaba controlada y prácticamente prohibida para no dar información a las potencias rivales. Los permisos para publicar eran demorados, el proceso duraba varios años hasta que el autor desistía o se le recortaban capítulos enteros.

Cuando a pesar de las prohibiciones y de los controles los libros comienzan entrar en España hacia el siglo XVIII, provenientes en especial de Francia, el mundo y las preocupaciones de la nación española se amplían. Para la segunda mitad de este siglo XVIII Carlos III autoriza la lectura de los ilustrados y el reemplazo de autores como Aristóteles por Descartes y por los matemáticos en circulación en las otras potencias europeas. De este monarca es importante señalar su gobierno reformador en la administración, en la enseñanza de las ciencias, de las profesiones y de los oficios y en la separación de los asuntos religiosos de los propios de la Corona; este monarca llegó a evaluar como conveniente y sano para el imperio español la expulsión de los jesuitas.

El movimiento de la Ilustración y luego el de la Revolución Francesa enseñaron a España la importancia de los asuntos temporales y con todos éstos, el desarrollo del conocimiento para fortificar la economía. El saber exigía un ambiente de libertad para poder avanzar y transformarse, puesto que su desarrollo consiste en ser acumulativo y distinto de sí mismo. Pero la cultura basada en la repetición de los dogmas religiosos no permitía dicho contexto de cambio y de evaluación permanente de los resultados. Lo más detestable para este tipo de cultura fue lo que en España se denominó "las odiosas novedades". Para dar lugar a la enseñanza avanzada de la matemáticas, de la filosofía, de la física y de las ciencias naturales, Carlos III buscó organizar las ciencias desde el cuartel[1] para evitar conflictos con la iglesia. Por otra parte, este monarca había dejado en desuso el tribunal y la organización persecutoria de la inquisición.

Tenemos en esta forma algunas de las dimensiones más relevantes de la recepción y construcción del espíritu libertario en España. Sin embargo, este no permaneció a la muerte del "bondadoso rey" como fue llamado Carlos III. El miedo que la Revolución Francesa causó en los colaboradores de Carlos III que le sobrevivieron, hizo que muchos de ellos se dieran a la tarea de desmontar las reformas en lo social, lo económico, lo científico y lo fiscal y a perseguir con renovado espíritu persecutorio de sangre y fuego todo lo que fuera libertario y en consecuencia "afrancesado", como se decía en la época hasta el siglo XX. España termina el siglo XVIII en la bancarrota fiscal, lo que la lleva a ser presa de los prestamistas internacionales al asecho de poder devastar lo que fuera posible a la totalmente quebrada España.

El pensamiento político de Rafael Nuñez

Rafael Núñez, político y estadista, nos ofrece un material particularmente interesante como objeto de análisis histórico político, no solo por su determinante participación, sino porque su posición ideológica se nutre tanto de su forma de asimilar el pensamiento político universal de actualidad, como de la interpretación que hace de lo que había sido la historia de Colombia. El defendía la tesis de que ese análisis es el que debe dar la clave de cualquier propuesta reformista.

El argumento fundamental de su planteamiento político se basa justamente, para presentarlo en términos actuales de la ciencia política, en la carencia de un orden político en Colombia; en el fracaso de nuestros dirigentes y estructuras, en el logro de establecerlo dentro del proceso de construcción del Estado. La discusión respecto a cual debía ser la "razón política", fundamento de ese proceso, giraba entonces en términos generales, entorno a la tensión entre el "orden" y la "libertad".

Núñez va a apartarse del compromiso del liberalismo clásico con la libertad y a priorizar el objetivo de establecer el "orden", lo cual lo debería excluir en cierta forma de la temática de este seminario, puesto que el orden como prioridad política es un principio conservador. No obstante, la vía seleccionada para lograr instaurar ese orden político marca igualmente diferencias ideológicas importantes. Puede buscarse a partir del fortalecimiento de la "autoridad", impuesta desde el poder, desde arriba, como a partir de la creación de instituciones que convoquen y armonicen toda la sociedad. Estas vías nos sirven de guía teórica para analizar la posición de Núñez y para entender por ejemplo, su punto de convergencia y de distancia con Miguel Antonio Caro que represente el componente más conservador dentro de su proyecto político de "Regeneración"

Antes de entrar a estudiar su análisis de la historia y su consecuente propuesta de reforma veamos quien era Núñez.

Su vida política comienza a mediados del Siglo XIX cuando se inició dentro del ala radical del liberalismo, el grupo que en ese momento se presentaba como el más progresista y el más fuerte de los movimientos políticos nacionales. El "radicalismo" era el gran defensor de las libertades individuales en términos absolutos, y en consecuencia, el promotor del liberalismo económico o "laissez faire". Participó activamente como radical: contribuyó a redactar la Constitución federal de 1853 que fue obra exclusivas de ese grupo y desempeñó cargos políticos como tal. A partir de 1863 fue Cónsul en Liverpool y allí recibió la influencia del liberalismo y del empirismo inglés. En 1875 regresó a Colombia y se reintegró a la vida política, montando su campaña en un contundente antiradicalismo y en general en la defensa del pragmatismo político.

Según el análisis que hace Núñez respecto a lo que había sido nuestro desarrollo histórico, el cual presenta a la opinión pública a través de sus artículos en varios periódicos de Bogotá y Cartagena (La Luz, El Porvenir, La Nación, El Impulso, a partir de 1981), la principal característica había sido la violencia política, la cual atribuía en gran parte al mito que se creó en el país en torno a las ideas liberales y a la necesidad de defenderlas como base del progreso.

Tal percepción se apoyaba en la premisa de que ambos partidos representaban los mismos intereses básicos, de tal forma que el origen del enfrentamiento se debía al interés excesivo por parte de sus dirigentes en crear un debate político que justificara el conflicto por el poder. Ese afán llevó, en su concepto, a un análisis equivocado de la realidad y a la defensa del compromiso con una ideología ajena a ésta.

No pretende Núñez en ese análisis establecer relación con hechos individuales o destacar acciones de personajes particulares; curiosamente su interpretación histórica se aparta de los patrones usuales de la época. El discurrir histórico obedece para él, a leyes naturales (providenciales, según el aporte de Caro) y a la habilidad o incapacidad de los hombres para descubrirlas y actuar dentro de ellas. En dicho proceso no hay actuaciones particularmente influyentes ni excepcionalmente buenas o malas en la medida que de hecho tienen limitado su campo de acción.

En Colombia, él señala como base de la organización política, social y económica, el pensamiento liberal que se adoptó como bandera del movimiento independentista y que el radicalismo posteriormente constituyó en dogma. Por ejemplo, respecto al problema económico que él califica como de "grandes proporciones", aconsejaba tomar medidas apropiadas, prácticas, sin necesidad de justificarlas ideológicamente. Ante la situación fiscal "desesperada", en lugar de las medidas tradicionalmente empleadas: disminución del gasto y aumento de contribuciones, proponía medidas preventivas que en su concepto debían consistir en el aumento del ejército lo que a pesar de incrementar los gastos, contribuiría a mantener la paz (los costos de las guerras civiles eran más significativos que el aumento del presupuesto). La inestabilidad económica, concluye, no había sido consecuencia del ordenamiento social ni de las políticas económicas, sino de la carencia de orden político.

En relación a las condiciones sociales enfáticamente afirma que, a diferencia de la situación de otros países de América Latina, en Colombia no existían condiciones extremas. La amenaza de lo que se llamaba en el momento la "cuestión social" y que era vista por las elites como una conflagración subversiva: la implantación del socialismo, de la anarquía, del nihilismo, para Núñez era la defensa de la "preponderancia del interés de los obreros en sus relaciones con el capital", lo cual implicaba una situación aún inexistente entre nosotros. La equivocación sería precipitar esa situación antes de que la evolución natural la estimulara. La acción conveniente sería tomar las medidas preventivas fortaleciendo nuestra débil institucionalidad para poder enfrentarla cuando fuera inminente. Este es un elemento fundamental de su proyecto de reforma y de justificación del fortalecimiento del Estado.

"Los recientes lastimosos sucesos...nos hacen claramente comprender que el flagelo socialista...reside también entre nosotros, aunque no haya en Colombia ni monopolios, ni privilegios, ni mayorazgos, ni manos muertas, ni esclavitud, ni aristocracia, ni bolsa...ninguna forma en fin procedente de tradición secular o de instituciones escritas...no hay tampoco esas grandes manufacturas o empresas de minas que someten a régimen de vida peor que la servidumbre a centenares de obreros."

Consecuente con esa visión, su propuesta de reforma política implicaba una diferencia de fondo en el discurso del poder: su origen y legitimidad plantean un fundamento distinto al promovido y defendido por el radicalismo liberal. Orden primero que libertad. De ahí deriva la base estructural de su proyecto: la centralización. Centralizar no solo el control político y el de la fuerza, sino además el manejo de los recursos fiscales para concentrar toda la capacidad decisoria.

La principal equivocación del radicalismo fue entonces el debilitamiento del Estado. La Regeneración propuesta para corregir la "catástrofe" producida por la política radical, tendría que sustituir las Constituciones federales del 53 y del 63 por una que restituyera el poder del Estado, "una constitución que no asegura la paz, no llena el principal de sus fines naturales". "La idea de debilitar el gobierno con miras a extender el campo de la libertad.. (es)….equivalente a cortar las raíces de un árbol para dar mayor espacio a las ramas".

No creía tampoco posible adelantar ninguna reforma económica o social sin antes consolidar la reforma política, o sea el fortalecimiento del Estado. Un estado débil estaría "reducido a soportar las imposiciones de una dudosa y desautorizada opinión y a apelar en ocasiones, para su propia defensa, a recursos que salen fuera de su radio legal de acción"

"Ningún hombre cambia la faz de un pueblo, sino cuando la hora del cambio ha sonado en el reloj de la providencia" dice, es decir que cualquier proyecto de reforma depende de una dinámica natural que no es posible ni debe intentar forzarse. El error del radicalismo en su afán reformista, fue entonces justamente pretender imponer medidas que no surgían de exigencias ni necesidades evidentes.

Sus propuestas de reforma se fundan en el relativismo que le atribuye a las teorías políticas y en su escepticismo respecto al reclamo sobre la "verdad". La moral es igualmente relativa "cambia la atmósfera moral, como cambia la atmósfera que respiramos". En un medio en el que la lealtad se medía en términos del compromiso de los individuos con determinada posición política, su espíritu pragmático y conciliador se denunciaba como debilidad de carácter o como oportunismo político.

El concepto que defendía respecto a la posible armonía entre factores opuestos, da lugar a la función que el proponía para la oposición política, la cual alteraba las reglas establecidas. Pretendía Núñez, con una visión mas evolucionada de las prácticas políticas, abrirle espacio a una interpretación distinta de la función de la oposición. Esta debía constituirse en contrapeso o contrapropuesta, con la cual era susceptible negociar a través de mutuas concesiones. Más aún, dentro de su análisis en el que la diferencia de intereses entre los dos partidos era cuestión de matices, las posiciones extremas las entendía como producto de la arbitrariedad o de los excesos cometidos por el otro. Al acordar un régimen de tolerancia con la oposición, ésta pasaba a cumplir una función práctica.

El respaldo político que trató de construir para apoyar su propuesta apelaba a un compromiso entre las dos tendencias de cada partido (en el conservador, la de los ‘históricos’ de un lado y los simpatizantes de su propuesta del otro, y en el liberal, obviamente entre radicales y sus seguidores) con el propósito de implementar una política independiente. Aunque llegó a existir para efectos electorales y de identificación lo que se llamó el "partido independiente", su propósito no fue el de crear una colectividad nueva.

El compromiso "independiente" buscaba reforzar la posición de dos agrupaciones moderadas con mas puntos de contacto entre si que antagonismos de fondo. A ambos partidos, los veía divididos respectivamente: el conservador entre los partidarios de un progresismo moderado y los que tendían hacia la "inmovilidad absoluta". Entre los liberales la amplitud que se daba al concepto de libertad era el factor de confrontación: los que la consideraban aliada inseparable de la idea de justicia y los radicales que en su concepto la utilizaban como justificación de tiranía y licencia. Contra estos decía: "si la libertad no conserva sino destruye, es de todo punto inaceptable"; contra el conservatismo mas reaccionario (los "históricos"): si el orden excluye el movimiento y el progreso, conduce a la inanición y a la ruina…"

El otro elemento del sistema político que debía ser reformado era lo que entonces el definía como la "casta política con el cargo perpetuo de gobernar el pueblo colombiano". Se refería a quienes hacían parte del radicalismo liberal formado a mediados de siglo, "que es la que ha suplantado a la aristocracia inglesa"…pero que en vez de seguir el proceso de peregrinación que siguió en Inglaterra permitiendo la transformación gradual, en Colombia adquirió el "monopolio de la gerencia política porque aunque buscaba la fuente de la opinión, la obligaba luego a una dirección determinada"

Respecto a su posición ante la religión católica y a las relaciones de Estado con la Iglesia, partía del hecho de que Colombia era un país católico donde la autoridad eclesiástica era reconocida y acatada por la gran mayoría. La oposición por parte del radicalismo se limitaba según él, a conversaciones y escritos contradictorios con su misma vida privada, "aún en los tiempos transitorios de vértigo jacobino". No obstante, ese desafío se constituyó en une causa que si bien era artificial, produjo perturbación constante. Consideraba absurdo pretender instaurar la paz obligando a la gente a actuar dentro de dos fuerzas en conflicto. Por el contrario, la religión y el indiscutible liderazgo de la Iglesia, debía ser utilizado (con un fin "práctico") para unir y encauzar al pueblo. Mas adelante, en efecto, la religión va a ser uno de los elementos más poderosos de los regímenes conservadores.

Su discurso al Legislativo reunido en 1885 para redactar la nueva constitución destinada a reconstruir la unidad nacional, sintetiza su pensamiento y orden de prioridades:

La Reforma Política, comúnmente llamada Regeneración Fundamental, no será pues, copia de instituciones extrañas; ni parte de especulaciones aisladas de febriles cerebros: ella será un trabajo como de codificación natural y fácil del pensamiento y anhelo de la nación…para que satisfaga la expectativa general, debe en absoluto prescindir de la índole y tendencias características de la que

ha desaparecido dejando tras si prolongada estela de desgracias…El particularismo enervante debe ser reemplazado por la vigorosa generalidad.".

En términos generales, la historiografía sobre Núñez gira alrededor de quienes defienden su condición de reformador haciendo énfasis en el interés social que predomina en su propuesta (Lievano Aguirre) ; quienes lo presentan como un reivindicador del verdadero liberalismo frente al radicalismo (Nieto Arteta); y la mas general que lo describe como un oportunista político.

En cuanto a su interés por la "cuestión social" a la que nos referimos antes, su preocupación no va más allá del marco de análisis de todo el universo político. No es abogado de los movimientos sociales; claramente afirma que ellos no requieren defensor puesto que eventualmente, dentro del desarrollo natural, se impondrán por si mismos. Precisamente en la elaboración de su teoría sobre la necesidad de fortalecer el Estado, justifica la importancia que atribuye a consolidar una estructura política sólida para hacer frente a una eventualidad que considera inevitable: la movilización social. En ningún momento propone estimularla o allanar su camino. La percibe como un eventual conflicto, ineludible, frente al cual aún hay tiempo en Colombia para prepararse. No habla en ningún momento como defensor de esa causa, sino como el dirigente de la élite política que tendrá que controlar la desorganización y anarquía que conlleva. Por eso había que dotar al Estado con los instrumentos capaces de mantener la paz y el orden inclusive bajo esas nuevas circunstancias.

La justicia social, el concepto de igualdad, no hacen parte de su proyecto; lo importante es que aunque según su apreciación, ya se siente la movilización en Bogotá y Panamá, no tiene fuerza todavía para influenciar la dirección de los acontecimientos. La reorganización de la estructura política permitiría desempeñar con éxito las funciones del Estado (mantener el orden) dentro de una sociedad mas compleja. La "cuestión social" se activaría como consecuencia inevitable de las leyes "naturales", del eventual proceso de industrialización, imponiendo sus propias exigencias. "El movimiento socialista de hoy no podrá ser fructuosamente combatido de frente por la sencilla razón de que en ese movimiento irán sucesivamente incorporándose todos los obreros fabriles, agrícolas y de toda especie que constituyen la gran mayoría de la humanidad". Mientras tanto parece ser válido en su concepto, apelar a la resignación y a la caridad: "El hombre debe ante todo, resignarse a la suerte que le haya cabido como pasajero del mundo; porque la igualdad es imposible". Evidentemente no es ese el discurso de un líder social.

Sin embargo y a pesar de que su propuesta estaba dirigida a las elites y en defensa de un status quo, no buscó constituir una barrera para paralizar el movimiento social. Tampoco buscó demagógicamente el apoyo de la masa; precisamente le reconocía a ésta la necesidad de constituirse como fuerza representativa de sus propios intereses abiertamente opuestos a los de la "oligarquía". Su aspiración era prever que las implicaciones de la introducción de ese nuevo factor en la vida política se diera dentro de un esquema adecuado, en el que pudiera participar tanto el partido de gobierno como el de oposición..

Su aparente ignorancia o desinterés por el pensamiento socialista, dado su nivel cultural y su percepción empírica de las condiciones sociales en sociedades como la inglesa, indica que consideraba que podía "ganarse tiempo" edificando la estructura necesaria para posteriormente absorber las nuevas circunstancias : "…los ensayos de igualdad forzada concluyeron al estancamiento…hay, empero que reconocer la tendencia natural a la producción de un tipo medio de capacidad y bienestar en la obra civilizadora, que no puede menos de observarse en la mas moderna de las grandes sociedades políticas, los Estados Unidos"

El indispensable fortalecimiento del Estado, base de su anti-liberalismo, respondía a la necesidad de imponer la seguridad y el orden a fin de lograr la paz, no lo justifica en ningún momento como el medio para alterar o reformar el orden social.

La coherencia de su propuesta radica en que dadas las consecuencias de las guerras civiles en cuanto a detener el progreso era lógico pensar que la clase con mayores intereses económicos estaría dispuesta a crear las condiciones de paz necesarias para un desarrollo próspero y constante dentro de las cuales de todas formas podría mantener, si actuaba acertadamente, su predominio.

Evaluar el éxito o fracaso de su proyecto político implica medirlo en términos de su implementación y de las consecuencias que produjo. El intento de imponer una visión pragmática a las decisiones políticas se rinde en el de convergencia con el pensamiento de Caro para quien las leyes providenciales o leyes "divinas" regían el destino de los hombres.

La paz, como principal objetivo de sus reformas, no va a lograrse sino temporalmente, en gran parte debido a la desconfianza de cada fracción política respecto a la otra; ninguna se sentía cómoda sin el manejo directo del poder. El conservatismo apoyó la idea del movimiento independiente ante la amenaza de las arbitrariedades ejercidas por el radicalismo y posteriormente se apoyó en éste para recuperar el poder. El liberalismo por su parte, muy pronto va a resentir y a verse afectado por las administraciones conservadoras.

En el campo de las ideas políticas era muy significativo su intento por introducir el concepto de oposición como factor constitutivo de un régimen democrático, pero éste resultó ser el aspecto mas desatendido de su propuesta; no va a desarrollarse ni siquiera la idea en los términos progresistas que él planteaba, sobretodo cuando él mismo, en su último mandato, ante el fracaso de la coalición "independiente"y con los intereses políticos polarizados entre los partidos tradicionales, se inclinó por formas arbitrarias dándole a la oposición tratamiento de "conspiradores" como se había hecho anteriormente y continuaría haciéndose en el futuro. La actitud de Caro al enfrentar la oposición como si fuera un "cisma", en contra de una causa que proclamaba "santa", indica el fracaso de Núñez en ese campo.

Volviendo al marco de análisis planteado al inicio, y al tema del "liberalismo en la historia", Núñez indudablemente cumple con la esencia de la preocupación política en cuanto a orientar y transformar la sociedad. Su propuesta surge del pensamiento liberal, progresista, probablemente ya en un estado de evolución, en el cual se plantea la tensión entre la defensa de las libertades absoluta y los requerimientos de la sociedad moderna. En el campo conceptual su contribución es probablemente más importante que la de todos sus contemporáneos colombianos. En su desempeño político y en el legado institucional que deja como gobernante, ocupa un espacio demasiado significativo su llamado "pragmatismo" en términos negativos, es decir no aplicado al esfuerzo por ajustarse y responder a los requerimientos de la sociedad sino a la necesidad del éxito político.

Para entrar en la obvia reflexión en relación al paralelo entre la propuesta de Núñez y la del actual presidente Uribe, quizás la diferencia más significativa radica en que si bien ambos priorizan como meta el establecer el orden por encima de la "cuestión social" o de la defensa de las libertades, en Núñez es determinante el hecho de que la carencia de orden se deba no a conflictos de orden económico o social (por razones del momento histórico) sino a un problema insustancial en cierta forma, como es el de la lucha por el poder entre fracciones de un mismo sector, representantes de unos mismos intereses. En las circunstancias actuales del país o en general de cualquier otro, la llamada "cuestión social" implica la incorporación equitativa de la totalidad de la sociedad en la vida económica y política, como condición indispensable para que pueda darse un orden político estable.

 

 
 
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