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Historia
 

Nuestra Historia

Alfonso López Pumarejo y La Revolución en Marcha

 
     
 

La Biografía

Turbay nació en Bucaramanga, el 10 de enero de 1901. Sus padres fueron unos emigrantes libaneses. Vivió en Bucaramanga una infancia similar a la de los niños de entonces. Cursó bachillerato en el Colegio San Pedro Claver, que todavía dirigen los padres Jesuitas, y luego, para hacerse profesional, se desplazó a Bogotá a estudiar en la Universidad Nacional. Cuentan quienes lo conocieron que en esos años enfrentó el dilema de cursar derecho, que era lo que le llamaba la atención, o medicina, que fue lo que finalmente hizo.

Alcanzó, sin embargo, a cursar un año de derecho. Se afirma, además, que estudió medicina por imposición de su familia; y hay quienes dicen que debido a su padecimiento congénito del asma quería ahondar en el estudio de esa ciencia para encontrarle una cura definitiva a su enfermedad. Otros manifiestan que por querer estar tan vinculado al hombre había escogido esa carrera que tiene como objetivo principal al ser humano.

En la Universidad Nacional hizo una vida tranquila y trabajó en algunas oportunidades para costearse sus estudios. Pero él, seguramente, traía de su niñez y de su pubertad santandereana las inquietudes que habían surgido a partir de la última de las guerras civiles declaradas que hubo en Colombia, que se gestó y desarrolló en esencia en el departamento de Santander. Esa confrontación fue desastrosa en lo que tiene que ver con la destrucción de bienes, vidas y el futuro colectivo, que es el legado que dejan por desgracia todas las guerras.

En la universidad empezó a mostrar sus inquietudes sociales y su temperamento ágil y dinámico. Muy temprano se acogió a la causa de la equidad, la justicia, la reivindicación social y la lucha popular. Fue uno de los jóvenes seducidos intelectualmente por un profesor extranjero que llegó entonces al país, de apellido Sawadsky, de quien se decía había sido compañero de Lenin.

Sawadsky empezó a dilucidar diversos temas y a interesar a una cantidad considerable de estudiantes en aspectos relacionados con la igualdad y la lucha por la tierra, con una profunda aversión al capitalismo de la época. Eran los días de la Revolución de Octubre. En ese grupo se hallaban personalidades como Luis Tejada, Luis Vidales, José Mar, e incluso se habla de Alberto Lleras Camargo.

La lucha Política

Lo cierto es que Turbay fue un joven muy activo e interesado en todos esos temas, en una época en que se imprimía al país el carácter del régimen ultra conservador y se vivía de manera pastoril. Él empezó a sobresalir hasta el punto de que cuando esos jóvenes revolucionarios colombianos decidieron abandonar su exclusiva dedicación a los libros y empezaron a hacer activismo político, convocaron a los trabajadores del Río Magdalena, a la gente de la Costa, los obreros e hicieron en Bogotá lo que se puede considerar como el Primer Congreso del Partido Comunista Colombiano.

Turbay apenas había cumplido 20 años y fue el Presidente de esa trascendental asamblea política.

Al terminar sus estudios de medicina regresó a Bucaramanga. Picado por la política se interesó por el Partido Liberal, asumió una especie de rebeldía en el seno de la Colectividad y armó una disidencia contra los jefes de la época. Empezó a sobresalir al interior del Liberalismo y en una interesante lucha política que alternaba con el ejercicio de la medicina llegó a la Asamblea Departamental de Santander. Allí departió con Laureano Gómez, Camacho Carreño, quien también empezaba a surgir en la vida política, y con Manuel Serrano Blanco. Fue Secretario de Gobierno de Santander, y en 1927 fue elegido representante a la Cámara en nombre del Partido Liberal.

En el Congreso de la República comenzó a ser una figura nacional. Era un revolucionario y adelantaba su lucha en el seno del Liberalismo. Fue elegido Vicepresidente de la Cámara e inició con otras personas de su generación a examinar de manera profunda y bien entendida el escenario político nacional. Por entonces en el Conservatismo se disputaban la Presidencia de la República el General Vásquez Cobo y el Maestro Valencia, mientras el Liberalismo permanecía adormecido, resignado a que un Conservador continuara dirigiendo los destinos nacionales. En ese momento surgió la figura de Alfonso López Pumarejo, quien escribió en nuestra historia política una frase contundente: "El Liberalismo debe prepararse para tomar en sus manos las riendas del poder colombiano".

Turbay siendo muy joven se unió a los grandes de la época. Cuando López Pumarejo a la cabeza asumió un comportamiento de agitación liberal, llamó a Olaya Herrera, quien se encontraba a la postre como Embajador en Washington, y todo terminó en la destacada victoria liberal de 1930.

Una carrera meteorica

Transcurrieron 15 años, tres lustros, en los que Turbay predominó en la arena política colombiana. Fue embajador en Bélgica, cuando tenía 30 años; después fue llamado por Olaya para que actuara como ministro de Gobierno y después de 40 años un Liberal volvió a estar a la cabeza de esa dependencia. Allí lideró una profunda renovación. Implantó el sistema de la cédula de ciudadanía y la cédula electoral, que serían determinantes en los siguientes años en la democracia colombiana.

En dos oportunidades, luego, fue ministro de Relaciones Exteriores; embajador en Italia y en Perú; representante de Colombia ante la Sociedad de las Naciones; participó en dos Conferencias Panamericanas; en dos ocasiones se desempeñó como embajador ante la Casa Blanca; fue dos veces Designado a la Presidencia de la República; en dos o tres momentos se desempeñó como Director Único del Partido Liberal. Sin duda, era un hombre extraordinario en el ejercicio de la actividad política y una persona sobresaliente.

La personalidad

Pero ¿cómo era su personalidad? Me dijo recientemente el doctor Vicente Giordanelli, quien lo conoció, que: "¿No sé por qué decían que Turbay era turco? Era el más santandereano de todos los santandereanos que he tenido la oportunidad de conocer; era una persona valerosa, francota, que no tenía pelos en la lengua para comentar las situaciones según las considerara apropiadas y era irascible".

Me pregunto ¿por qué será que dicen eso de todos los santandereanos?

Turbay era un apersona polémica y en oportunidades de trato difícil, pero también -como escribieron quienes lo trataron- generalmente era amable, de muy buenos modales y cordial. Después de 1930 dejó su espíritu impetuoso y su lucha frentera, por decirlo de alguna manera, en el ejercicio de la cosa política; y se hizo más apacible y se convirtió en un verdadero estadista.

Quiero leer a propósito unos comentarios de Silvio Villegas, un destacado dirigente Conservador, para identificar aún más a nuestro personaje:

"Había nacido para mandar, su divisa era la misma del General Mosquera: "Yo no recibo el impulso, sino que lo doy". A pesar de sus buenas maneras y de su gentileza de caballero, tenía un temperamento imperioso, autoritario. En la Convención Liberal que se reunió en aquel año impulsó la jefatura única de Alfonso López, de cuya amistad disfrutaba desde los tiempos de la República. De Alfonso Villegas, Turbay adivinó que ese ser despreocupado tenía la fuerza, la ambición y la destreza de los grandes caudillos. Luego hizo la fulgurante campaña que llevo al doctor Olaya Herrera al poder. Allí terminaron sus aventuras de conspirador y de revolucionario y empezó su ingente tarea de hombre de Estado.

De la Asamblea a la Cámara, de la Cámara al Senado, del Consejo Ministros, del Consejo de Ministros a la Jefatura Suprema, para imponerse como candidato presidencial. Alcanzó los máximos honores democráticos cuando muchos de sus compañeros intrigaban todavía minúsculas posiciones secundarias. Fue por encima de todo el enérgico capitán de sí mismo. Luchó contra todo y contra todos y fue el primero entre los hombres menores de 40 años que reclamó la Presidencia de la República, enfrentándose a las oligarquías consagradas.

Para la acción política estaba singularmente dotado. En el manejo de los hombres alternaba el grito imperioso, la seductora amistad, el sensual halago. Era de la gran estirpe de Murillo Toro, de Rafael Núñez, de Carlos Holguín, de Enrique Olaya Herrera, una ave de altanería, un hombre nacido para dominar. El valor temerario fue su facultad dominante. A los próceres de la guerra civil los manejó muchas veces a gritos, siendo a la vez el más suave y el más grato de los camaradas. Cuando departíamos íntimamente con él, teníamos la certidumbre de que era el único amigo que nos había amado en la vida. Su educación cultural era subyugadora"

Un bastonzao a Valdivieso

Hay unas anécdotas de su carácter impetuoso. Por ejemplo, en su época de diputado descargó un bastón con mango de plata contra un diputado de apellido Valdivieso, quien lo atacó verbalmente en medio de un acalorado debate en la Asamblea Departamental de Santander. ¡Ese diputado Valdivieso todavía debe estar sobándose la cabeza!

De su campaña presidencial también se han contado muchas anécdotas. Según una de ellas, fueron muchas las ocasiones en que fue agredido verbal y físicamente e incluso le dieron pedradas. Dicen que cuando ello ocurría, se bajaba de la improvisada tarima a darse trompadas con quienes osaban ultrajarlo.

Fue una época muy complicada y Turbay un hombre demasiado especial.

Los retos de Turbay

Gonzalo Buenahora, quien también escribió una magnífica biografía del dirigente santandereano, hace una referencia a la manera cómo tuvo que superar "muchos complejos". Yo los llamaría retos. El principal fue el de la raza. Me imaginó que en esas primeras décadas del siglo pasado, el apellido Turbay no era muy conocido. Ahora es sobresaliente, pero no en ese entonces. Desde pequeño lo llamaron turco y cargó siempre con ese INRI, contra el cual, de la manera más injusta, tuvo que luchar, porque no había nadie más santandereano, ni más colombiano que él.

Otro reto fue el social. En su juventud tuvo que trabajar bastante para sostenerse. También luchó contra su temperamento, porque era muy impetuoso. En esos días no había remedios de los que hoy existen para controlar el asma, y sabiendo las consecuencias de abandonar sus medicamentos tomó la decisión de nunca volver a utilizar la morfina, porque no quería de ningún modo convertirse en un adicto.

Batalló, igualmente, contra su apariencia física. Buenahora recuerda, y lo confirman las fotografías que se le tomaron, que era una persona con una buena cara, bajito, delgado y con unas orejas muy grandes. En el Colegio San Pedro Claver, lo menciono con respeto, lo apodaban "orejas de burro". Y él era, desde luego, una persona vanidosa y se hizo una cirugía para corregir ese defecto. Eso hace 50 años o más.

Gabriel García Márquez, hace una referencia de las disputas de Turbay con Gaitán. Al respecto dice en el primer tomo de sus memorias: "También por esa época, siendo embajador en Washington, corrió en Colombia el rumor insistente de que era el novio secreto de una estrella grande de Hollywood – tal vez Joan Crawford o Paulette Godar- pero tampoco renunció nunca a su carrera de soltero insobornable".

Al respecto comentan que Turbay se dedicó por completo a la política. Desayunaba, almorzaba y comía con política. Abandonaba otras situaciones atractivas, más mundanas, pensando en su futuro. Siempre estuvo al lado de la política. En el Congreso de la República era un orador extraordinario. Con su palabra hacía no solamente vibrar a los asistentes a las deliberaciones del parlamento, sino que cuando estaba en campaña era el primero en hablar ante las multitudes, delante de Olaya y al lado de López Pumarejo y Eduardo Santos; porque él fue propiciador fundamental de esos grandes pactos políticos que le dieron al Liberalismo la oportunidad de gobernar a Colombia.

También tuvo que vencer el reto de la provincia, que es una circunstancia bastante compleja y enredada en el ejercicio de la actividad pública. Si bien manejaba con agudeza lo que despectivamente se conoce como la maquinaria, nadie conducía mejor el Congreso que él. Tenía idea de la política. Sabía que esta es una contradicción de intereses y que su ejercicio cabal y democrático puede superar la violencia.

Al igual que los liberales de ahora, rechazaba la violencia como instrumento de acción política. Fue un hombre de izquierda, comprometido con lo social. Luchaba por la equidad, se preocupaba por el obrerismo. Respaldó a los sindicatos cuando surgieron bajo el gobierno de López Pumarejo y estuvo muy al tanto de las clases medias.

Turbay se adelantó a las circunstancias de la época. Decía con vigor: "Hay que defender la clase media, hay que hacer más clase media en Colombia, hay que buscar que la equidad sea el fundamento esencial del mantenimiento democrático".

Sus ideas económicas

Dominaba la economía. Dejó para la historia unos formidables escritos sobre economía. Como Presidente del Senado de la República, en 1938, posesionó a Eduardo Santos en la Presidencia de la República, y en esa oportunidad pronunció un discurso inolvidable en el que revela su ideario político y señala la economía como una de sus principales preocupaciones.

Frente al tema de la tierra, en la Colombia rural de entonces, decía que era preciso hacer justa su distribución y apoyar al campesino, pero que el país tenía que industrializarse. Tiene unas referencias, por ejemplo, al control de cambio, y como diría ahora un economista moderno –iba a decir un miembro de la Junta Directiva del Banco de la República- señalaba que había que dejar flotar la banda.

Turbay fue una persona que se preocupó por organizar electoralmente el país. Fue un defensor del intervencionismo de Estado, pero con un criterio moderno para la época de hoy: "El Estado tiene valores predominantes pero no puede ser un Estado que acapare todo". Él había tenido sus experiencias de apoyo al régimen soviético y entendía que ese criterio ortodoxo y dogmático del manejo de la economía planificada no era ni mucho menos, aplicable en Colombia.

Decía sí al intervencionismo de Estado, pero con oportunidades a la iniciativa privada. El intervencionismo sí, porque hay que brindarle al pueblo seguridad social. Se preocupaba de la educación y la salud. Sabía que la igualdad por la que luchamos los Liberales no se puede encontrar sino a través de la educación. Luchaba por encontrar para los rezagados de la vida un espacio mucho más equitativo.

El concordato 

Le puso, asimismo, el "cascabel al gato" en lo que tiene que ver con las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y así como decía "no me gustan los sindicatos en la política", decía desenfadadamente, "tampoco me gusta la Iglesia en la política, el Estado debe velar por la libertad religiosa, la iglesia católica debe tener todas las prerrogativas que sean necesarias y el respeto a sus ideas y a su fe, pero no se meta en las cosas del Estado, que esas cosas le corresponden a los políticos, a los partidos y a la política".

La candidatura Presidencial

En conclusión, luchaba por la moneda sana, por el poder adquisitivo del salario, como en las mejores épocas del MRL, y tenía una sólida formación y sabía por qué y para qué era que se hacía política. La hizo con vehemencia hasta cuando consiguió que en 1946 el Partido Liberal lo escogiera como su candidato a la Presidencia. Antes, en otras oportunidades, había mostrado sus deseos. Incluso en 1938, al grito de "la juventud al poder"; también en 1942, cuando surgió la perspectiva de la reelección de López Pumarejo, que él respetó; pero antes de 1946 se creía con derecho a ser el candidato del Partido. En 1946, la Colectividad lo reconoció así, imponiéndolo sobre otras voluntades, incluso la de Darío Echandía.

De ahí en adelante protagonizó una época compleja, porque surgió la aspiración presidencial de Jorge Eliécer Gaitán y se presentaron muchas y profundas dificultades y contradicciones en el seno de la militancia liberal. El país reclamó el consejo de López Pumarejo y de Santos: Con el primero había tenido un distanciamiento; con el segundo, a pesar de que El Tiempo, bajo la dirección de Roberto García-Peña le mostraba un afecto a su aspiración, también había asomos de resentimientos y de dificultades. Lo cierto fue que la campaña se tornó demasiado compleja y la división Liberal le dio vida a la candidatura Conservadora de Mariano Ospina Pérez.

La confrontación fue demasiado intensa, comentan quienes tuvieron la oportunidad de vivirla. Se hicieron grandes esfuerzos por encontrar la unidad liberal; incluso se mencionan reuniones en las que cada uno de los candidatos presentó sus compromisarios, como los llamamos ahora, para cristalizar ese objetivo.

La fracasada unidad Liberal

De las memorias del ex presidente Julio César Turbay Ayala, tomo estos nombres: en representación de Gabriel Turbay, estuvieron Pedro Alonso Jaimes y Carlos B. Rey; por Gaitán, Luis Eduardo Gacharná y Julio Ortiz Méndez. Según se supo después hubo un principio de acuerdo, que nunca se fraguó. Pero surgieron muchas cábalas sobre por qué, finalmente, no se dio la ansiada unidad liberal.

Hay quienes dicen que alguien manifestó, con muy mala intención, que la "unión" se había hecho sobre la base de que Turbay le reconociera a Gaitán los gastos causados hasta entonces en la campaña electoral. Esa versión enfureció a Gaitán. Un amigo Liberal con el que tuve oportunidad de conversar al respecto, me señaló que la unidad se malogró porque los candidatos contestaban al teléfono. Textualmente dijo: "Si hubieran clausurado el teléfono, entonces seguramente se hubiera dado la unidad y el triunfo del Partido Liberal. Todos llamaban a hacer consejas, a decir que sí o que no. También dicen que a Gaitán le fue muy difícil recomponer las cosas, e incluso se llegó a rumorar el secuestro de Gloria, su hija, por parte de sus seguidores".

Es claro, entonces, que no hubo unidad de ninguna especie.

Se hicieron más fuertes las contradicciones; aumentaron los ataques de un lado y otro. Y a Turbay le pasaron algunas cuentas de cobro. Él había intervenido en la escogencia del doctor Lleras Camargo como Primer Designado y, por consiguiente, Presidente de la República ante la renuncia de López Pumarejo. De él, Turbay que no tenía pelos en la lengua, había dicho en alguna oportunidad que era una persona secundaria y muy subalterna. En otra oportunidad dijo –también lo tomo de las memorias del ex presidente Turbay- que si el doctor Santos se ponía en su contra lo clavaría en la pared como una pobre mariposa.

Lo cierto es que con Gaitán se dieron una muenda tremenda. Gaitán empezó a utilizar con sus seguidores, el epíteto de turco y organizó con las mujeres de su movimiento una manifestación en el Cementerio Central y las hizo jurar que nunca permitirían que se eligiera a un Presidente de Colombia que no fuera parido de un vientre colombiano.

¡TURCO NO, TURCO NO!

Fue una campaña llena de agravios e insultos, como suelen ser ese tipo de procesos.

Pero me contaron esta anécdota: Cuando decían "turco no, turco no", surgió alguien que dijo: "No, es que el doctor Turbay no es turco; él nació en un buque de bandera colombiana cuando sus padres venían para América". Y Gaitán, con esa suspicacia que tenía, dijo: "¡Ah si...! De manera que si una gata pare en un horno, ¿en cambio de parir gatos pare panes?".

La circunstancia fue, entonces, demasiado compleja. Los dos eran más o menos de la misma época. Creo que Gaitán era un año menor; habían empezado en la Cámara de Representantes al mismo tiempo, y estuvieron en muchas oportunidades en el mismo gabinete. Si bien en alguna oportunidad Turbay –y me imagino a Gaitán muy contrariado por ello- en una Convención dijo: "El doctor Gaitán es un hombre ignorante, incluso en el derecho penal". Ello demuestra qué tan compleja era la situación.

Lo fundamental es que llegó el día de las elecciones, en mayo de 1946, y sucedió lo que algunos ya habían avizorado: ganó Mariano Ospina Pérez, quien obtuvo 565.000 votos; le siguió Turbay, con 441.000, y en tercer lugar quedó Gaitán con 358.000 sufragios. Es decir, el Liberalismo sacó 800 mil votos, 250.000 más que el Partido Conservador, pero perdió las elecciones y comenzó un momento difícil para Colombia.

No es exagerado acoger los comentarios de quienes dicen que ese día cambió la historia Colombia y el país empezó de nuevo a vivir una época llenada de violencia, que aún no hemos terminado. Nótese la trascendencia que toma un acontecimiento político como el que estoy señalando.

LA MEMORIA ENCENDIDA

Turbay era un hombre formado para ganar. Siempre lo había hecho. Ganó en su estudio cuando se hizo médico; ganó en Santander y se hizo diputado; ganó en el país y se hizo Representante a la Cámara y Senador; fue un gran internacionalista, un capítulo que vale la pena analizar con mayor detenimiento. Siempre se distinguió en todas las etapas de su fructífera y corta existencia.

¡Fue un triunfador; pero ese día perdió! En la política no hay nada asegurado y él no se esperaba la derrota y sufrió una profunda depresión. Lo primero que hizo, su reacción inicial, fue quemar todos sus archivos. Duró cinco o seis días echando papeles en la chimenea: libros, cartas, proclamas, proyectos, miles de documentos. Cuentan quienes lo visitaron en aquellos aciagos días que recibió en su casa muy pocas personas, particularmente familiares y deambulaba por la residencia preguntándose en voz alta cómo había perdido, cómo el país le había pagado de esa manera. Fue una situación muy compleja, bastante enojosa. Y a pocos días ordenó comprar los pasajes para París. El doctor Jorge Turbay me contó que su hermano, Juan José Turbay, los había reclamado y siete u ocho días después viajó a Francia, de donde nunca regreso.

ANECDOTA DE ENTIERROS

Hay una anécdota muy interesante. Turbay tenía casada una pelea con el ex presidente López Pumarejo, quien era muy cercano a Turbay Ayala. En el Aeropuerto de Bogotá, Turbay Gabriel le dijo, más o menos así, a Turbay Julio César: "Oiga, dígale a su amigo el doctor López que no se haga muchas ilusiones, que yo voy a regresar a Colombia, porque tengo que asistir a muchos entierros de primera". Turbay Ayala, con la prudencia que el país le conoce, no quiso comentarle nada a López Pumarejo, pero en alguna ocasión este le inquirió sobre lo que había dicho sobre él Gabriel Turbay. "¿Qué dijo de mí?", señaló el ex presidente. Y Turbay Ayala le contó. Y López Pumarejo, que no tenía las manos amarradas, le contestó: "Pues cuando hable con él, dígale que me contó su razón y que le contesté que de mi parte no tengo problemas, porque ya fui al entierro que quería asistir".

EL MENSAJE DE LA DERROTA

Quisiera compartir la carta que Gabriel Turbay le envió a la Dirección Nacional Liberal, el día de la derrota:

"Muy distinguidos amigos:

Los datos recibidos hasta ahora sobre el resultado de las elecciones parecen indicar que el Liberalismo fue vencido en las urnas. Lo siento por Colombia y por las enseñas que nos acompañaron en esta lucha, que para mí ha terminado.

Tan pronto como se confirme el veredicto electoral, debe ser aceptado y reconocido.

Quiero confirmar a Ustedes, como miembros de la Dirección Nacional del Partido, la delegación de los plenos poderes de que me invistió la Convención Nacional, y que de acuerdo con las autorizaciones de dicha entidad, me permití otorgar a Ustedes en octubre pasado.

Les ruego aceptar mi más rendido agradecimiento por la invaluable ayuda que en todo momento me ofrecieron ustedes tan generosa y patrióticamente, y que habrá de ser señalada como uno de los más grandes y abnegados servicios prestados al liberalismo en este accidentado episodio de su historia que acaba de clausurarse.

De ustedes afectísimo amigo y copartidario.

LAS LLAVES DE LA CASA LIBERAL

Turbay viajó a París, en donde fue visitado por muchos colombianos.

Hay un documento muy interesante que es su último documento político. Una carta que le mandó a Turbay Ayala después de la victoria liberal de 1947. Se trata de un episodio muy interesante porque Gaitán se quedó en Colombia, asumió las banderas del liberalismo y protagonizó una fuerte contienda interna con el sector directorcita que encabezaba el ex presidente Santos. Gaitán ganó la disputa, y es ahí en donde se da el famoso capítulo de las llaves de la Dirección Liberal: Santos le mandó las llaves de la casa del Partido a Gaitán, en señal de que desde ese momento él sería el jefe único de la Colectividad.

Hay una anécdota personal y es que me han pedido varias veces las llaves de esa casa, y en la última elección presidencial dije al respecto: "yo no entrego las llaves". Ni me acuerdo muy bien qué dije. Pero la semana siguiente llamé a Eduardo Verano, Secretario General del Partido, –porque yo quería estar seguro- y le dije: "Oiga Eduardo ¿en dónde están las llaves del Partido?". Empezamos a buscarlas y no las encontramos. Pero es que las llaves del Liberalismo están en la legitimidad del Partido, que es la Dirección Nacional Liberal.

CARTA DE TURBAY A TURBAY AYALA

El último documento del doctor Turbay, la carta al doctor Julio César:

París, Noviembre 12 de 1947

Señor Don
JULIO CÉSAR TURBAY AYALA
New York

Muy querido Julio C.:

Acabo de regresar de un viaje por Italia y encuentro aquí tu grata carta del 16 de octubre. Al fin te decidiste a escribir, aunque observo que los haces con la cautela de un estadista. Veo que el curso diplomático de la ONU se hace sentir en tu nuevo estilo y que el camarada Vishinsky no logra hacer escuela entre los delegados suramericanos.

El triunfo liberal nos tiene a todos muy contentos. En Colombia se empeñan en tergiversar los hechos y en darle falsas interpretaciones a esa victoria. El liberalismo fue a la lucha con ese empuje porque repudia la colaboración, como una protesta contra la coacción y la violencia del régimen hermafrodita que arruina al país y para condenar la escandalosa explotación del tesoro público por parte de los restauradores conservadores.

Si la dirección que se dé al Partido después de este triunfo no se pone de acuerdo con el sentir general del liberalismo, dudo mucho que la reconquista esté a la vista como usted lo cree. Yo no soy tan optimista como usted. Yo no entiendo como triunfo liberal sino el que se establezca en la dirección del país, el predominio de las ideas liberales, libre de toda hipoteca sentimental con el androginismo político que hoy prevalece.

El contrasentido es el común denominador de la política colombiana. La coalición es hija legítima del establecimiento como la Unión Nacional es heredera clandestina de la traición y el engaño de que fue víctima el liberalismo en 1946.

Quisiera que me diera unas razones menos deshidratadas por las cuales considera usted oportuna una eventual intervención mía, a corto plazo, en la política colombiana. Empiece por darme sus opiniones, por ubicarse con desembarazo y decirme con qué banderas va usted a militar en las próximas campañas. No me vaya a salir usted con la bufonada de Emilio Toro a quien le preguntaba en Sevilla qué explicación podía tener el alza del cambio en Colombia con café a treinta centavos. Yo no sé –me dijo Emili - me parece que todo eso que ha sucedido en Colombia obedece a un "fluido cósmico".

Bueno, ya tiene usted noticias mías de acuerdo con sus deseos. Y me parece que con cierta beligerancia que ojalá sea ejemplarizante. Espero que no me enmudezca, como Diego Mejía, de quien acabo de saber que es Cónsul General en New York. Tan bueno el nombramiento como el tuyo para la ONU. Yo creía que Mariano no nombraba sino gaitanistas, lopistas o santistas para los puestos públicos.

Me imagino que habrá aprovechado su visita a los Estados Unidos para hacerse tratar el asma. Si la suya es de carácter anafiláctico o alérgico, como dicen ahora, en Baltimore le hacen un buen tratamiento. El especialista se llama Doctor. Leslie N. Gay 1114 Saint Paul Street, teléfono Lexington 8155.

Goce mucho en los Estados Unidos y vuelva a Colombia con complejo de Empire Building.

En espera de sus noticias reciba un estrecho abrazo de quien lo quiere bien y lo admira.

LOS ÚLTIMOS DÍAS

Y sus últimos días, recordado por Carlos Lozano, en este comentario, de Turbay:

"El veredicto justiciero de los tiempos", de que habló el doctor Núñez, me tiene sin cuidado. La vida es una gran aventura, sustancialmente grata y fecunda, porque suministra innumerables oportunidades de crear, de luchar, de vencer o fracasar. Es también una obligación ética y estética que debe cumplirse con alegría y plenitud. Pero la muerte lo cancela todo. Viviré hasta el último momento con ardor y desfallecimiento. Pero nada espero, nada pido, ni nada me interesa más allá de ese minuto".

Jorge Zalamea lo visitó en París, y recuerda esta frase de Turbay, allá en su exilio voluntario:

"¡Recomenzaré la lucha en la misma fila del soldado en que empecé hace veinticinco años! Pero ahora no me engañarán. Por mucho tiempo guardé un respeto reverencial a figuras del Partido que no lo merecían. Algunas de ellas me deben muchas de las preeminencias que obtuvieron y que me fueron pagadas en desafecto, en hostilidad, incluso en traición".

Y este comentario publicado por el Diario El Liberal, según lo dicho por Turbay a Carlos Restrepo Piedrahita, cuando este lo visitó en parís, en 1946, ocho meses después de la derrota.

"El país y el partido liberal va a tener la prueba decisiva de mi capacidad de servicio, de mi desinterés para servirlos. Cualquiera que sea el candidato que el liberalismo escoja para 1950, yo reclamaré el puesto de honor para contribuir a esa victoria. Ahora mi escenario está en las calles y entre las masas. El Partido Liberal sabe dar de sí lo mejor en estado de agitación. Al partido tenemos que enderezarlo hacia la izquierda. Mi experiencia me enseña que el temperamento de derecha dentro del liberalismo es su peor lastre.

El terreno espiritual y emocional de las masas está abonado para la siembra de ideario nuevo y eso es lo que tenemos que hacer en adelante. La juventud liberal colombiana tiene por delante esa espléndida misión. Gaitán tenía ciertas banderas que yo apetecía íntimamente. Toda esa gente que lo sigue ciegamente está ansiosa de algo indiscernible, expresa algo confuso pero real. A eso podría dársele una forma orgánica, concreta de izquierda. Y en realidad fue la bandera que a mí me hizo falta. En ocasiones, durante la campaña, intenté tender lazos de entendimiento hacia las izquierdas liberales, pero mis "protectores" se apresuraban a poner los gritos en el cielo y a velar por la sanidad de las ideas, a cuidar de que no fuera a perder el estribo, porque entonces se iban a disgustar los liberales ricos".

EL LIBERALISMO, UNA FUERZA SOCIAL

Ese era Gabriel Turbay en pocas palabras. Un gran luchador, un hombre de izquierda liberal, de una extraordinaria pulcritud personal, de una honorabilidad como debe ser la de quienes ejercemos la actividad política; una persona que le hubiera servido muchísimo al país si en cambio de irse para París se hubiera quedado aquí dando la lucha, o si hubiera regresado pronto.

Turbay definía el Liberalismo como una fuerza profundamente social. Propugnaba por la unidad, pero en su criterio esta no era y hoy tampoco debe serlo, según los comentarios históricos del doctor López Michelsen, como juntar a "Dominicos con Franciscanos". Sencillamente, eso es imposible. La unidad tiene que ser de fondo, sobre la base de saberse que es el Liberalismo.

Por supuesto que, como decía aquí acertadamente el ex presidente López Michelsen, el Liberalismo es un talante, un comportamiento ante la vida, pero también es una expresión clarísima sobre la sociedad. Los retos del Liberalismo son la equidad, la libertad y la democracia, y a partir de esos presupuestos es que debe hacerse la unidad del Partido Liberal. Pero no se trata de sumar personas, sino ideas; de sumar talantes, de recoger el criterio socialdemócrata, que es como hoy podemos identificar al Liberalismo. Ese es el Liberalismo de izquierda que ha sido evidente en la vida nacional. Unas izquierdas, desde luego, atemperadas, democráticas, que no fomenten la lucha de clases, pero sí le brinden oportunidades a todo el pueblo colombiano. Ese es el gran reto que tiene hoy la Dirección Nacional Liberal; y también el de formar partido.

LA CONSTITUYENTE LIBERAL

Si se logra la reforma política, sobre todo la del Acto Legislativo, y esta coincide con el Congreso del Partido Liberal, y surgen nuevas figuras al interior de la Colectividad, y todos nos comprometemos con la renovación ideológica y de las personas, ahí tendremos una democracia mucho más transparente y amplia dentro de la cual se podrá lograr la paz que tanto anhelamos.

El Liberalismo tiene además el reto de demostrar que la violencia no es el camino. Todos debemos enfrentar el terrorismo pero, desde luego, haciendo prevalecer también los efectos fundamentales de la democracia liberal: los derechos humanos, la libertad de religión y el respeto al periodismo. Por ahí circula un borrador en donde se propone darle ocho años de cárcel a los periodistas, según el criterio de si una noticia le gusta o no a unos funcionarios públicos. ¡Bárbaro!

Todas esas cosas tenemos que hacerlas prevalecer. Ese es el gran reto que tenemos los colombianos, y no hay mejor instrumento que el Partido Liberal para alcanzarlas.

Sobre el régimen de los partidos, quiero señalar que este no es para descalificar a ninguna opinión, sino para asegurar -como lo reclamaba en una gran arenga Gabriel Turbay- la presencia de las diferentes ideologías, en procura de la convivencia. Solo habrá paz en Colombia cuando exista justicia social y equidad.

Por supuesto que no podremos dejarnos avasallar por los violentos. Un comportamiento liberal es rechazar a los violentos, pero sin abandonar el criterio social. La bandera social es la bandera de los colombianos, bajo la orientación del Partido Liberal Colombiano.

APLAZAR EL CONGRESO LIBERAL

En la lucha por la unidad no se pueden propiciar situaciones favorables a la división. Yo les quiero comentar que me está preocupando mucho la celebración del próximo Congreso Liberal. Sé que es un instrumento de participación muy importante y la Dirección Nacional Liberal asumirá la responsabilidad que le corresponde, máximo cuando se trata del primer Congreso a la luz de los nuevos estatutos. Pero me pregunto ¿por qué debe hacerse cuando esté en la arena de la política la confrontación por el referendo?

¿Por qué digo esto? Porque la contienda interna por el Referendo puede afectar la armonía del Congreso y la unidad del Partido. La Dirección Nacional Liberal ha indicado al respecto que esperará la definición que asuma la Corte Constitucional sobre el referendo. Respeto esa posición. Pero el doctor Luis Guillermo Vélez y otros amigos han propuesto anticiparse al Congreso Liberal y pronunciarse ya a favor de la consulta popular. Como somos liberales también nos parece respetable esa posible. ¿Cierto?

Otros sectores liberales están en contra del referendo, y el senador José Renán Trujillo en un criterio muy acertado propugnó por realizar el Congreso antes del referendo, para que sea el Congreso y no la Dirección Liberal el que decida la posición frente al referendo. Muy respetable y muy importante esa posición.

Pero yo pienso que todos los sectores deberían pensar en prolongar unas semanas la realización del Congreso, para que no sea en el interior de ese escenario del liberalismo, que es una gran oportunidad, en donde se decidan cosas tan fundamentales y trascendentales, que se divida, aún más, el Partido.

Es una inquietud que dejo, de manera muy respetuosa, en manos de ustedes, amigos liberales, ustedes que son el pueblo liberal, y en las manos de la Dirección Nacional Liberal.

Mucho les agradezco su atención.

¡Viva el Partido Liberal!

Horacio Serpa

 

 
 
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