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Historia
   


Nuestra Historia

El liberalismo antes del liberalismo

 
     
 

El liberalismo colombiano, sui géneris en el universo de las ideas políticas, antes de ser, ya era; antes de nacer, ya existía; antes de llamarse así, ya tenía invisiblemente la actitud rebelde que luego letras venidas de Europa conformarían. Cuando ideas liberales como lava ardiente arrasaron políticamente la Colonia y crearon la República, durante aquella el magma filosófico e ideológico que le dio vida en un proceso de cuatro siglos, desde el XVI hasta principios del XIX, formal y definitivamente en este último adoptó su identidad a pesar de que no tenía rostro, sino un perfil brumoso, borroneado, sin ojos, nariz, ni boca.

Sólo mostraba imaginaria e inmensa frente como horizonte al que había que llegar porque allí estaba el principio de una inteligencia ideológica y política de carácter popular. Fue entonces cuando le pusieron el nombre de "liberalismo" o "partido liberal", como trasunto de libertad, la más grande de las palabras humanas junto con su par la igualdad, pero ya la anónima criatura, parida por indios, blancos, negros, mulatos, criollos, mestizos y demás, en alianza vital e histórica, venía caminando con lentitud pero sagacidad por entre la conciencia colectiva no como clonación del que ya en Europa protagonizaba gran parte de la historia, sino como algo nuevo, construido con los materiales de un país que se estaba inventando.

A ese liberalismo innominado, lleno de individualismo altruista y prosocial, virtual entre los pedazos de realidad que surgían de su trashumancia silenciosa, se agregaba, como pariente inesperado pero rico en proposiciones, el socialismo amorfo que brotaba de algunos de sus elementos, a pesar de las aparentes contradicciones que ello implicaba. El concepto no se conocía, quizás, pero cuanto lo hizo surgir allende los mares ya se anidaba aquí como angustia, premonición o contestación airada en el alma de nuestros lejanos antepasados que, por no haberse resignado al silencio, esperaron intuitivamente que advinieran, como ocurrió, los veintes de julios, seises y sietes de agostos y onces de noviembres de su conciencia independentista.

Es cierto, aquí no se forjaron dichos vocablos –liberalismo y socialismo- pero lo que en Europa les dio existencia, entre nosotros adquirió nuevas vivencias, revestidas del clamor por la independencia nacional que allá no regía y por la separación de la España imperial que nos sojuzgaba. Trataré de señalar ese camino, de descubrir sus hitos, de quitarle de encima la hojarasca de tanta antihistoria y ahistoria como se ha escrito y dejado caer sobre su espina dorsal para que el pueblo-pueblo, ese que se fue apiñando históricamente bajo su bandera, al impedírsele que lo siga recorriendo levante, por ignorarlo, sus bártulos ideológicos y éticos y los lleve a otra parte. Mi sueño radica en que nuestro pendón no siga andando la ruta neoliberal de ahora, antiliberal colombiana, que veloz y de manos de quienes lo usan y lo botan a su vera, por exclusión de lo que piensa su dueño, el pueblo-pueblo, están conduciéndolo a una inexorable muerte histórica. No toleremos más que partido tan grande se utilice, de forma tan pequeña, como si fuera desechable condón intelectual para disfrutar de peligrosos orgasmos con lo reaccionario, en casas de lenocinio ideológico donde hombres y mujeres recíprocamente compravenden deslealtades y traiciones.

Esto de que hablo ocurría en Chibcara[1] la primera de nuestras patrias, de la que sucesivamente nacieron el Nuevo Reino de Granada, la Nueva Granada, la Confederación Granadina y Colombia. Cuando los conquistadores Alonso de Ojeda en 1500; Bastidas en 1501 y el mismo Ojeda y Diego de Nicuesa en 1509 holláronla, las playas adonde llegaron eran, de sus olas hacia dentro, la tierra de los caribes bajo cuyo nombre común moraban chimilas, malibúes y senúes, papabuelos remotos de colombianos costeños como yo que orgullosos nos sentiríamos si descubriéramos en nuestra sangre alguno de sus genes.

Distantes, sin oír el rumor del mar y tal vez sin conocerse entre sí, en las montañas y llanuras se hallaban los chibchas y sus vecinos los muzos, los colimas, los Panches, los sutagaos, los Pijaos, los marbachares, los tunebos, los laches, los pastos, chocoes y tantos otros que sería largo enunciar[2] Chibcara era una Colombia primaria, sin blancos ni negros, parte de la "Tierra Incógnita" de que hablara el alemán Waldseemuller, pero que yo he llamado siempre Indigenia del Sur, ya que éramos indígenas, hombres del lugar.

No me gusta el simplismo cultural de distinguirlos como "precolombinos" en aceptación subalterna de que no fueron capaces de auto identificarse. ¿Y quién puede asegurar que no tuvieran un nombre que sólo ellos sabían decir o callar, enterrado luego bajo el silencio producido por la Conquista? Sin suerte, algunos como Enrique de Gandía[3] pensaron que el continente virgen pudo llamarse Amarca, Amaraca, Maraca o Tamaraca según la fonética indígena, pero yo me consuelo con suponer que este suelo que pisamos fue el de Chibcara, imaginaria alianza de las primeras sílabas de chibchas, caribes y arawaks y país superior al encerrado en el comodín idiomático de la expresión formalista de precolombinos. Concédanme licencia para soñar que tuve un ignoto papabuelo entre los indios desnudos de Calamari que encontró Pedro de Heredia, muerto tal vez al pie de sus derrotados pero heroicos arcos y flechas.

Frente a los descubridores, invasores según otros cuyas tesis en gran parte comparto, convertidos luego en conquistadores y colonizadores, lo indígena se resistió hasta la fuerza de sus brazos o se entregó cuando le faltó, con la particularidad de que sus gritos atormentados no fueron del todo registrados por los cronistas ni escondidos, para su posterior pero difícil rescate, en los archivos de Indias, razón por la cual no podemos hoy saber con certeza el peso real de los sudores y sangre que derramaron en defensa de sus tierras y dioses. No obstante, a nosotros llegaron las consignas indómitas de caciques como Tirrome,

La Gaitana, Pigoanza, Tisquesuza, Sagipa, Quinunchu, Calarcá, Chianchón[4] y otros protohéroes de nuestro país en ciernes que lucharon y murieron contra aquéllos, a los cuales posteriormente se unieron negros como el cimarrón Domingo Biojo cuya sangre engrosó la de nuestro país naciente, cúmulo de contradicciones que por fortuna nos marcó como nación pluralista y democrática y cuyo contenido mide el arraigo del valor y heroísmo sito en nuestros antepasados indígenas y negros. Yo oigo esas consignas cada vez que pienso en mi partido y con ellas lo defiendo, sabido de que recogió implícitamente mucho de su cotenido. Y ello sin mentar a Carex, Piorex y Curirix los valientes de Codego, próximos a Cartagena, ni a Yurbaco, su vecino y belicoso cacique que derrotó a Juan de la Cosa. Los colombianos de todas las regiones, costeños e interioranos, debiéramos exaltar permanentemente lo indio, lo blanco, lo negro, lo criollo, lo mulato y lo mestizo que llevamos adentro y danzar, asidos de la sangre y razas que nos han formado, la danza de nuestra historia pasada, presente y futura que empieza en Chibcara la más antigua de las Colombias y termina en Colombia la más joven y ojalá eterna de las Chibcaras.

Cuando Harold Laski en su ensayo "El liberalismo europeo" preguntó sobre esa ideología surgida en Inglaterra en el siglo XVII: -"¿Qué es, pues, este liberalismo de que vamos a tratar?", se respondió: "Como doctrina, se relaciona sin duda directamente con la noción de libertad, pues surgió como enemigo del privilegio conferido a cualquier clase social por virtud del nacimiento o la creencia"- [5]. No importa que, como el propio Laski lo observa, contradictoriamente convirtiera luego esa actitud contestataria casi que en exclusiva misión defensora del derecho de propiedad, dejando de lado, desprovista de reales oportunidades de vida, a la mayoría que no lo tenía, luego modificado por Stuart Mill quien le dio un papel intervencionista al Estado para morigerar los efectos de su monopolio.

Esas son las coyunturas y contradicciones de todo proceso histórico. Mas como trofeo me quedo con el hecho excepcional de que el primigenio estandarte mental contra los privilegios, llamado liberalismo, surgió en Europa y luego pasó a América como poderosa palanca de independencias nacionales y en nuestro país, además, como medio para lograr su identidad todavía no acabada de perfilar. Lo siento así, tal vez insularmente, pues para mí es un ariete contra las injusticias de nuestras clases dominantes, no importa que muchos me miren compasivamente por la alienada carga de utopía que mi actitud quizás guarda. El liberalismo era eso: el individuo altruista contra la nobleza y sus pensamientos o sea la izquierda callada; hoy debería serlo, en nombre de todos, contra lo que impide el desarrollo económico, social, politico y ético no exclusivamente del individuo, sino de todos los seres humanos, de la sociedad, como medio de conquistar mayores escalas de igualdad y solidaridad. Al decir esto, temo que me esté quedando solo, impotente ante el viento que arrastra los últimos jirones de su bandera abandonada por quienes eran sus guardianes.

Si el viejo liberalismo pensó sólo en el individuo egoísta, el joven, no el decrépito aquél y neoliberal de ahora, suma de todos los individualismos altruistas contra los egoístas del conservadurismo, ha de pensar en la sociedad, en lo colectivo, en lo general y no particular si no quiere perecer. Así concibo yo al liberalismo colombiano, al que por izquierdista me impidió ser socialista de partido dado que en sus adentros encontré, propias del socialismo, las semillas de resistencia y de insurrección contra todo lo que oprime y sojuzga, bases de su ideario. Rescatemos su bandera, la conjunta liberal-socialista, y démosle con ella oportunidad histórica al pueblo-pueblo contra el antipueblo que tantas ha tenido para dominar y aumentar las desigualdades e injusticias.

Pero no cabe olvidar el aporte del escolasticismo disidente, especie de elemental "teoría de la liberación" del catolicismo del siglo XVI, a la conformación de un pensamiento insurgente si no contra la propia Colonia, sí contra muchos de sus enunciados. ¿O es que acaso pueden desconocerse los gritos de Fray Montesinos en La Española en defensa de los indios contenidos en estos interrogantes: "¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos, habéis consumido?…Estos, ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?" [6] Aunque la prédica de este español de sotana y crucifijo tuviera como fin la salvación religiosa de los indios y no la conquista de su dignidad personal o racial en lo político, lo cierto fue que sirvió para que algunos de ellos contribuyeran a la independencia nacional, inspirados en el pensamiento de Las Casas, de Vitoria, Suárez, Molina y Belarmino, clérigos semisueltos de la ortodoxia católica que Nicolás Salom Franco, en su erudito libro "Raíces teológicas de nuestras instituciones políticas"[7], pondera pero sin el contrapeso dialéctico de lo humano y laico que en grado máximo produjo nuestra Independencia, salvo su mención al moderado independentista Camilo Torres, pues lo ortodoxo católico en ello fue tan escaso como excepcional. No dudo de que defender la condición humana de los indios y sostener que tenían alma aunque fuera dentro del contexto religioso creaba la posibilidad de que algunos se entendieran con quienes asumieron como liberales sin saberlo, desde fuera y mayoritamente, radicales posiciones políticas contra el sistema colonial, mas no se piense que la teologïa fue el principal motor de nuestra emancipación.

¿Y qué características tuvo ese hipotético "liberalismo" durante la Colonia que sin ser ya era, que sin vivir ya existía y que luego sería y viviría gracias a los aluviones de libertad acumulados al formarse su conciencia? ¿Cómo se logró ese supuesto "liberalismo neogranadino" que sumando varios matices anticolonialistas y revolucionarios podría haberse denominado "grancolombiano" entre 1821 y 1832, "neogranadino" entre 1832 y 1858, "granadino" entre 1858 y 1863, y que ojalá se siga llamando "liberalismo colombiano" nombre que desde 1948 le dio Gaitán ("Partido Liberal de Colombia"[8]), oficialmente confirmado en 1963 por Lleras Restrepo que lo precisó denominándolo "Partido Liberal Colombiano", cuyo contenido progresista corre el peligro de ser sustituido por uno de carácter neoliberal y reaccionario. Es bueno advertir, para poner de presente su evolución, que entre 1863 y 1948 se utilizaban comúnmente las expresiones "liberalismo" o "Partido Liberal" sin recalcar su condición de colombiano que no se le quería reconocer, cuando ahora es lo que nos distingue y separa de los demás liberalismos de Europa y de muchos de América, contradictores y no pares nuestros como algunos auponen.

En el caso de ese liberalismo global pasa como en el mundo de los Pedros, que muchos partidos y ciudadanos en su orden se llaman así pero con ideologías y apellidos diferentes. No es lo mismo decir "liberalismo" a secas que "liberalismo colombiano" noción esta que responde tanto a un fenómeno territorial como a razones propias de nuestra historia, circunstancias que los hacen distintos y generalmente opuestos entre sí, porque aquél es genérico y diverso y este concreto y específico. El periplo que ha vivido puede enmarcarse entre la época de los Cacicazgos[9] de la vieja Chibcara, encontrados por los españoles cuando era liberalismo sin saberlo y el Nuevo Reino de Granada de la Colonia, cuando balbuceaba su nombre y por inercia se concientizaba a través de indios rebeldes, blancos, negros cimarrones y criollos, mestizos y mulatos inteligentes. Trataré de señalar los momentos estelares de su proceso evolucionario, aquellos que singularicen la vía que lo condujo a la independencia con los altibajos naturales de todo gran proceso histórico-ideológico.

¿Cómo, repito, durante la Colonia existió, ignorándose a sí mismo, un liberalismo amorfo por su condición de incandescente magma ideológico que con el transcurso del tiempo se convertiría en el liberalismo colombiano de hoy? No es un fantasma intelectual el que invoco sino una gestación mental continuada por espacio de casi cuatro siglos en la conciencia de nuestro pueblo-pueblo, la que exalto y cuyos hitos principales enseguida menciono:

Siglos XVI y XVII:

a)- Partido indigenista vs. Partido colonialista, realista, absolutista[10] o godo

Estas facciones contrarias, enunciadas inteligentemente por Indalecio Liévano Aguirre[11], surgieron apenas descubridores o invasores pisaron la tierra de Chibcara y se enfrentaron con nuestros antepasados indígenas, los cuales perecieron, sobrevivieron o huyeron tierra adentro y fueron, dentro del contexto histórico-dialéctico, la izquierda ignota que ahora rescato, mientras el colonialista, realista, absolutista o godo, establecimiento en acción, también innominado, hablando en términos presentes era la derecha revestida de poder politico-religioso. Izquierda y derecha que existieron ayer, existen hoy y existirán mañana y siempre aunque permanezcan ocultas bajo otras denominaciones. Ese partido indigenista llevaba el germen de lo que más tarde se llamaría "liberalismo colombiano".

b)-Partido indigenista vs. Partido quesadista o encomendero[12].

Dentro del proceso de desarrollo de la Colonia, los conquistadores se dividieron entre sí encabezados por Jiménez de Quesada, Sebastián de Belalcázar y Nicolás de Federmán, cuyas facciones –quesadista, peruviana y alemana- representaron el antagonismo interno del establecimiento acosado por graves contradicciones, lo cual, a pesar, no impedía su enfrentamiento con el indigenismo, liberalismo virtual, vivo como cultura. Aquella coalición podría llamarse quesadista o encomendera y simbolizaba el poder, enfrentada al indigenismo. En "Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia" [13], Liévano Aguirre se aproxima tímidamente a este tema.

Siglo XVIII:

a)-Partido científico vs. Partido supersticioso

José Celestino Mutis, sin proponérselo, en 1762, 1764 y 1774 con su "Discurso pronunciado en la apertura del curso de matemáticas en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario"; su estudio sobre Newton y su Tesis Astronómica, repectivamente, contenidos en "Mutis y la Expedición Botánica-Documentos"[14], en los cuales ayudado entre otros por Pedro Fermín de Vargas, luego revolucionario, global y centralmente defendió lo científico, que era el advenimiento encubierto de lo liberal, contra lo supersticioso, claro auspicio de lo conservador, siendo de esa manera un aliado tácito de quienes, por la vía exclusivamente política y económica, como incipiente pensamiento humanista, echaban indirectamente las bases para el movimiento revolucionario de los comuneros, gestores de nuestro más viejo e innominado liberalismo. Sin quererlo, el humanista Mutis se daba la mano, por encima del tiempo y haciendo caso omiso de sus sotanas, con el cura Montesinos y Las Casas, Suárez, Belarmino y Molina, escolásticos disidentes cuyas tesis indirectamente sirvieron en parte para advertir el malestar económico-social de la Colonia.

b)-Partido comunero vs. Partido colonialista, realista, absolutista o godo

Cuando Manuela Beltrán arrancó del muro colonialista el Edicto de los confiscatorios impuestos, y el pueblo se levantó en el Socorro, Juan Francisco Berbeo, escogido como jefe del común, pensaba en carta al Virrey Flórez que "…por medio de prudencias se puede conseguir la tranquilidad de estas repúblicas…" [15] y Salvador Plata, de la oligarquía, con otros, tratando de salvar sus intereses, buscaban asordinar el clamor de las masas. No fue ello así y por entre los muros de la historia aparecieron José Antonio Galán, Alcantuz y Molina con su insurrección total, que terminó, después de un periplo de heroísmo y muerte, en la grandeza del tramo comunero de nuestra historia. Prueba de ello es que Galán y sus compañeros son hoy protohéroes colombianos, tanto que José María Samper los tiene como fundadores del liberalismo colombiano[16] y a Berbeo y los suyos muchos los ven como enseñas entreguistas de los acaudalados y conservadores[17] círculos económicos, políticos y sociales que se arrodillan siempre, para salvar sus intereses, ante el poder sea cual fuere. ¿Acaso los comuneros no enviaron a Vicente de Aguiar y Dionisio de Contreras como encubiertos delegados a Londres y París para conversar sobre la posible independencia americana con el Precursor Francisco de Miranda[18] quien frecuentaba círculos prerrevolucionarios de Francia y amigos de Inglaterra? ¿No fue eso algo así como uncir de tácito liberalismo al movimiento comunero?

c)-Partido de los derechos del hombre o nariñista y devarguista vs. Partido de la monarquía absoluta

Después de los comuneros llegó Nariño y en 1794 tradujo la "Declaración de los derechos del hombre" de la Revolución Francesa y untó definitivamente de liberalismo, porque esa declaración es puro liberalismo, la frente de los neogranadinos creándose así lo que llamo el "liberalismo neogranadino". ¡Y pensar que a Nariño lo quieren convertir en padre de todo lo contrario, lo conservador, porque fue centralista, si el centralismo sólo es un sistema mecánico de tipo político-administrativo no un valor ideológico fundamental! Se fundó así, pariente del partido indigenista y comunero, el partido nariñista o de los derechos del hombre, de bases liberales, enfrentado, como los anteriores, al partido colonialista o monárquico. Alguien a quien hay que mencionar como miembro de ese partido es al sangileño Pedro Fermín de Vargas[19], Precursor también, junto con Nariño, de nuestra independencia amamantada por un implícito liberalismo que no se atrevía o no sabía decir su nombre.

Siglo XIX:

e)-La palabra "liberal" que sin escribirse ya se pensaba, fue utilizada por Francisco Antonio Zea en el discurso pronunciado en España el 8 de Julio de 1808 ante el rey José, hermano de Napoleón, cuando en nombre de los súbditos españoles en América, dijo: "…olvidados de su gobierno, excluidos de los altos empleos de la Monarquía, privados injustamente de la ciencia y de la ilustración y, por decirlo todo de una vez, compelidos a rehusar los dones que les ofrece la naturaleza con mano liberal, ¿podrían los americanos dejar de proclamar con entusiasmo una Monarquía que lo saca del abatimiento y de la desgracia, los adopta por hijos y les promete la felicidad?…" [20] y por Camilo Torres en el Memorial de Agravios, fechado el 20 de octubre de 1809 cuando exclamó: -"¿Teméis el influjo de la América en el gobierno?…¿Y por qué lo teméis?…Si es un gobierno, equitativo y liberal, nuestras manos contribuirán a sostenerlo. El hombre no es enemigo de su felicidad…"-[21] . Luego lo liberal como pensamiento, no creo que sólo como semántica, ya estaba metido en la conciencia de los neogranadinos.

f)-Partido patriota vs. Partido regentista

Rodrigo Llano Isaza, organizador de este ciclo de conferencias, en su excelente libro "José María Carbonell-Biografía"[22], a quien con razón llama "gran agitador santafereño", habla de dos partidos: el patriota y el regentista, el primero inspirado por Nariño y Carbonell; el segundo por Camilo Torres y su grupo. Aquél asume de preliberal e izquierdista anónimos y éstos de conservadores o godos que seguían, entretelones, las orientaciones de la Regencia española. Comparto la tesis de Llano Isaza cuando afirma "que Nariño y los suyos encarnaban la concepción de izquierda y Torres era el representante de la derecha…" [23]

g)-Partido de artesanos y chisperos vs. Partido neorrealista y regentista[24]

El Partido patriota se transformó luego en el de los artesanos y chisperos llamados así porque encendían la chispa de la protesta, unión clasista sin dudas, facción que luchó contra los neorrealistas y regentistas que no querían desvincularse del todo de España. Aquéllos simbolizaban lo liberal y democrático; éstos lo conservador y aristocrático.

h)-Partido piñerista vs. Partido toledista en Cartagena[25]

En Cartagena, el pueblo mediante los hermanos Gutiérrez de Piñeres, sus líderes, especialmente de Gabriel el más radical de ellos, con actitudes semejantes a las asumidas en Santafé por Carbonell, se enfrentó en 1811 a los partidarios de García de Toledo, jefe de la reaccionaria clase alta cartagenera, y se declaró partidario de la independencia absoluta de España. Los piñeristas fueron copartidarios, sin expresarlo, de los nariñistas y carbonellistas del altiplano santafereño y devarguistas de San Gil e integraron con ellos una actitud contestataria, rebelde, típica de un liberalismo en gestación.

i)-Partido nariñista y devarguista, carbonellista y piñerista vs. Partido de notables, frondistas y oligarcas

Sumando tales posiciones tanto la de Santa Fé de Bogotá como la de Cartagena, focos principales de la revuelta, puede decirse con énfasis que nariñistas y devarguistas, carbonellistas y piñeristas, unidos, formaban el liberalismo en ciernes, la izquierda balbuciente, mientras los notables, frondistas y oligarcas según la denominación que hace Liévano Aguirre en "Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia", obra ya invocada, integraban el poder, la derecha de siempre, la que manda y con frecuencia oprime a los pueblos y algunas veces es derrocada.

j)-Partido de los pateadores vs. Partido de los carracos

Siguiendo el estudio de Llano Isaza, en el que con fundamento vislumbra incluso el nacimiento en esa época de los partidos liberal y conservador de ahora, cito estas sus palabras: "Desde un primer momento serían claras dos tendencies entre los criollos que con diferentes denominaciones concluyen en las dos colectividades históricas actuales. Inicialmente el patriciado y los patriotas, luego congresionales y anticongresionales, independentistas y monarquistas, centralistas democráticos y federalistas, "carracos" y "pateadores", pero en todo caso siempre el pueblo contra la oligarquía, y en este primer momento el pueblo gritando "¡Abajo los godos!" [26]

En cuanto a los términos "carracos" y "pateadores", Llano cita la explicación de José Manuel Groot sobre la diferencia entre uno y otro y recuerda que "carraco" según el DRAE es alguien o algo "viejo, achacoso e impedido" y cuenta, además, cómo José María Carbonell, líder del 20 de Julio de 1810, pisoteó y pateó en la Calle Real de Santafé de Bogotá la hoja titulada "El Carraco" editada para combatir a Nariño. De allí su nombre.

Siguiendo la saga ideológica de liberalismo e izquierda sin saberlo, el partido indigenista de los siglos XVI y XVII, en el XVIII se convirtió sucesivamente en los partidos científico, comunero, de los derechos humanos o nariñista, devarguista, patriota, de artesanos y chisperos, piñerista, carbonellista, santanderista, cordovista y de los pateadores, enfrentados a la derecha representada también sucesiva y alternativamente por los partidos realista, colonialista, quesadista o encomendero, supersticioso, monárquico, regentista, toledista, frondista, boliviano y carraco, antecesores del hoy partido conservador. De los partidos patriota y regentista de que nos habla Llano Isaza en su libro sobre José María Carbonell, éste surge históricamente como sucesor de José Antonio Galán y presagio de Jorge Eliécer Gaitán, muertos los dos primeros por un liberalismo que no sabían y el último por uno ya existente que logró recrear con su martirio. Además, estima acertadamente a Carbonell como "antecesor cercano del partido liberal colombiano" [27], pues organizó a los pateadores, preliberales y preizquierdistas, enemigos de los carracos, conservadores y derechistas de entonces.

k)-Partido liberal independentista

Terminada la Patria Boba y ganada en 1819 la guerra de independencia contra España comandada por Bolívar y Santander, el liberalismo como pensamiento tácito estaba inmerso en todas las batallas, proclamas y decisiones de aquéllos y sus seguidores. ¿Qué otra ideología podía haberla hecho, triunfado y creado a la Gran Colombia como trofeo? ¿Acaso lo colonialista, monárquico, conservador o derechista, podían libertarse de sí mismos sucidándose doctrinaria y políticamente? No. La Independencia venció contra todo ello. Pero dentro de ese liberalismo en germen existían algunos más y menos liberales que otros, hasta el punto de que aquéllos, superando lo liberal-conservador de Santander[28] según sus más acerbos críticos, o reafirmando su imagen rotundamente liberal como lo hace César Conto y confirman Otto Morales Benítez[29] y Rodrigo Llano[30], darían luz al radicalismo, mezcla liberal-socialista de 1850 a 1886, y éstos, los menos liberales o "aliberales", menjurje de todo lo reaccionario, generarían lo conservador y godo de nuestras contradicciones políticas.

l)-Partido santanderista vs. Partido boliviano

Aunque sólo a partir de 1841 o 1842, según José María Samper[31], se comenzó a llamar "liberal" la facción que tenía esa tendencia implícitamente partidaria de Santander quien así también la consideraba[32] al igual que José María Córdova[33], materializada en 1848 por Ezequiel Rojas mediante el programa titulado "La razón de mi voto"[34] tenido como origen formal del partido, y estimando que los conservadores, que tampoco tenían nombre, apenas se identificaron como tales desde 1848[35] aunque nunca habían dejado de serlo desde la Colonia, lo cierto es que después de 1826 el partido boliviano-dictatorial o ministerial, seguidor de Bolívar en su concepción autoritaria nada más pero no en lo revolucionario que entrañó, es el más lejano principio del Partido Conservador de nuestro país independiente.

Como esta conferencia, cuyos vacíos reconozco, ha pretendido trazar la vida del liberalismo anónimo o virtual antes del real que hoy se llama "Partido Liberal Colombiano", termino aquí la parcial pero apasionante trayectoria de una ideología que está muriendo en los brazos de quienes dicen profesarla pero no la siguen, incluso la traicionan. Cuando escriba "El liberalismo después del liberalismo", complemento de esta, trataré de hacer su disección ideológica desde 1848 hasta nuestros días porque versará sobre su vida ilusoria o utópica no vivida -la que más me gusta- soñada por tantos ayer y hoy por desilusionados mas no derrotados como yo que alzan convencidos su bandera, razón por la que no está incorporada del todo a la real que a partir de 1848 ha tenido. Y para infortunio nuestro, la concreta y adversaria de la ideada pero fallida, es la que mayormente hemos vivido y no podemos borrar, pero a la que sí debemos criticar con valor.

Pero antes de callarme, orgulloso les manifiesto que mi afiliación al liberalismo colombiano tiene estos ingredientes vitales: lo indigenista, científico y comunero; lo humanista, patriótico, artesano y chispero; lo devarguista, nariñista, carbonellista y piñerista; lo santanderista y cordovista; lo pateador, beligerantemente pateador, y lo opositor[36], murillista, nivelador, golgotista y radical acumulados del siglo XVI al XIX, así como lo herrerista, uribeuribista, lópezpumarejista y gaitanista del XX, es decir, lo liberal y socialista juntos que, sumados, es lo que enciende de rojo nuestra divisa. Todos me tocan sus trompetas al oído gritándome en tropel "¡Viva el Partido Liberal Colombiano!", consigna que me adentro para que la izquierda democrática y progresista contenida en él viva conmigo y siga modelando mi conciencia.

Gracias, muchas gracias.

Nota:

[1] "Chibcara" es un nombre formado por las primeras sílabas de las palabras "chibcha", "caribe" y "arawak", las tres grandes etnias encontradas por los españoles cuando arribaron en 1502 a lo que hoy es Colombia, pero que en ese entonces no tenía nombre conocido. La llamo así desde 1991, aunque es de presumir que los indígenas la identificaran de algún modo.

[2] "Historia de Colombia" de José María Henao y Gerardo Arrubla, tomo I, de Plaza & Janés, Capítulo VII, páginas 171-192, segunda edición, 1985.

[3] "Descubrimiento de América-Exploraciones geográficas y conquista del Nuevo Mundo", tomo IV, página 3 y siguientes de "Historia de América", editorial Jackson de Ediciones Selectas, Buenos Aires, 1951.

[4] "Introducción al pasado aborigen" de Luis Duque Gómez, Industria Continental Gráfica Ltda. & Cía. S.C., Bogotá, D.E., sin fecha de impresión, página 48 y siguientes.

[5] Obra citada, Breviarios, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1953, página 14.

[6] "Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia", Indalecio Liévano Aguirre, Ediciones Nueva Prensa, Bogotá, primer tomo, página 20., sin año de impresión.

[7] Obra citada, Ediciones Jurídicas de Gustavo Ibáñez, 2000.

[8] Plataforma del Colón de enero de 1947, cuyo artículo 1o. dice: "El Partido Liberal de Colombia es el partido del pueblo". Los Estatutos de agosto de 1941 expedidos por Alfonso López, anteriores a dicha Plataforma del Colón, sólo hablaban en sus artículos 1o., 5o. y otros de "Partido Liberal" sin darle un carácter específicamente "colombiano".

[9] Gerardo Reichel-Dolmatoff, "Colombia Indígena-Período Prehispánico" en "Manual de Historia de Colombia, tomo I, página 71 y siguientes, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, Editores J.G.Cobo Borda, Santiago Mutis Durán, 1978.

[10] Tomás Cipriano de Mosquera, "Los partidos politicos en Colombia", Editorial Incunables, Bogotá, 1984, página 13.

[11] Ibídem, página 23, tomo primero.

[12] Ibídem, página 65 y siguientes, tomo primero.

[13] Ibídem, página 41, tomo primero.

[14] Obra citada, El Áncora Editores, Bogotá, 1983, páginas 21, 31 y 57.

[15] Liévano Aguirre, obra citada, tercer tomo, página 24.

[16] "Los partidos en Colombia", Editorial Incunables, 1984, Bogotá, página 8.

[17] En el libro "Antología del pensamiento conservador" de Roberto Herrera Soto publicado por el Instituto Colombiano de Cultura, se tiene a Juan Francisco Berbeo como uno de los pilares históricos del partido conservador colombiano. Ver página 5 y siguientes del tomo 1º.

[18] "Los Comuneros-Historia de la revolución de 1781" por Manuel Briceño, Imprenta de Silvestre y Compañía, Bogotá, 1880, páginas 94, 231 y siguientes.

[19] "Pedro Fermín de Vargas-Biografía de un Precursor" por Roberto M. Tisnez Jiménez, Academia de Historia de Santander, Biblioteca Santander,Volumen XXXIII, Bucaramanga,, 1979, páginas 73 y siguientes; 173 y siguientes; 411 y siguientes. Y "El movimiento revolucionario de los comuneros" por Francisco Posada, siglo XXI editores, 4a. edición, páginas 42 y siguientes, 1975.

[20] Ibídem, página 106, tomo tercero.

[21] Ibídem, pagina 110, tomo tercero.

[22] "José María Carbonell" por Rodrigo Llano Isaza, Planeta Colombiana Editorial S.A., Bogotá, Primera edición, 1997, página 103.-"Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia" por Indalecio Líevano Aguirre, ya citado, páginas 169 y siguientes, tomo tercero.

[23] Ibídem, página 68.

[24] Ibídem, páginas 181, 220, 227, 230, 234 y 241, tercer tomo.

[25] Ibídem, página 273, tomo tercero.

[26] Obra citada, página 112.

[27] Ibídem, página 17.

[28] José María Samper, "Los partidos en Colombia" , ya citado, página 21.

[29] Otto Morales Benítez, "Origen, Programas y Tesis del Liberalismo", Biblioteca del Liberalismo, Impresión Lerner S.A., Bogotá, D.C., enero de 1998, páginas 15 y siguientes.

[30] "César Conto Ferrer" por Rodrigo Llano Isaza, ensayo inédito, quien cita las siguientes palabras suyas en el editorial del número 12 de "El Liberal", periódico que redactaba: "El General Santander fue el padre, el fundador del Liberalismo y los liberales lo reconocemos con orgullo; por consiguiente, cuando ejerció el mando, bien se puede decir que estaba en el poder el Partido Liberal".

[31] Ibídem, página 21.

[32] Otto Morales Benítez, ibídem, página 18, en la que transcribe parte de la carta de 18 de octubre de 1926 a Bolívar donde habla del "mundo liberal".

[33] Ibídem, páginas 26-35

[34] Publicada en el periódico "El Aviso" el 16 de Julio de 1848.

[35] José Eusebio Caro, cofundador con Mariano Ospina Rodríguez del hoy Partido Conservador, en el escrito "El Partido Conservador y su nombre", aparecido en "La Civilización" de Bogotá, número 17, 29 de noviembre de 1849, páginas 67-68, refiriéndose a ese Partido dice: "Notemos que ese partido es tan verdadero, tan fuerte, que por espacio de diez y seis años ha vivido y ha triunfado en la Nueva Granada sin nombre alguno". Véase el libro "Escritos histórico-políticos de José Eusebio Caro", recopilación de Simón Aljure Chalela, Ediciones Fondo Cultural Cafetero, 1981, página 187.

[36] Conferencia de Rodrigo Llano Isaza en el ciclo "El liberalismo en la historia" titulada "Ezequiel Rojas" página 7, en la que llama partido de "oposición" al liberalismo en 1837 y siguientes..



 
 
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