FINAL
Historia
   

 

La guerra de los mil dias

¿Cómo se gesta una guerra?

 
     
 

El conservatismo y el liberalismo, como dos agrupaciones políticas diferenciadas, con distintos conceptos, programas y estrategias para el ejercicio del poder y el manejo del Estado, se definieron en Colombia hacia la mitad del siglo XIX; reconociendo que no fueron grupos homogéneos, sabiendo que en el interior de cada uno de ellos hubo divergencias, tensiones y tendencias, intentaré, muy brevemente, identificar su orientación:

El grupo conservador se congregó en torno a la idea de un gobierno centralista y autoritario, ejercido con el estrecho apoyo de la jerarquía católica, que protegiera y controlara la actividad económica, tuviera bajo su vigilancia la educación y limitara la libertad de la prensa.

El liberalismo optó por organizar el país como una federación, abogó por la defensa de las libertades individuales, además de la libertad de empresa y de comercio defendió la idea de una prensa libre e independiente y promulgó la libertad religiosa.

Las diferencias ideológicas que reposan en la base de los dos modelos de gobierno, liberal o conservador, solo fueron comprendidas por la reducida dirigencia intelectual y política del país. Para el pueblo ignorante, para el campesinado analfabeto, para el arriero, el jornalero, el boga , el vaquero y otros millares de seres anónimos, abrazar uno u otro partido fue cuestión de instinto gregario ( seguir la tendencia familiar), costumbre (obedecer al patrono), tradición ( respeto a la jerarquía eclesiástica), o conveniencia (acatar los dictámenes del gamonal). Para fortalecer estas motivaciones, los conductores generaron un clima emocional y convocaron un apasionamiento primitivo que desechaba la posibilidad del acuerdo político, mientras hacía lícito matar o morir por el partido. Es el tono perceptible en el discurso del final de siglo hecho para generar lealtades absolutas y enemistades mortales. Don Miguel Antonio Caro, que además de un hombre muy culto era bastante cínico, dijo con mucha razón "que en Colombia no había partidos políticos, sino odios heredados" [64] .

La Constitución de 1863 expedida en Rionegro durante el gobierno de Tomas Cipriano de Mosquera consagró los principios radicalmente liberales [65] que, con algunas modificaciones, rigieron la nación hasta 1886; en dicho período el territorio se integró por nueve estados federados, se establecieron las bases para la enseñanza pública gratuita y obligatoria, se dio impulso a las comunicaciones, se adelantaron campañas para nacionalizar las propiedades de la Iglesia y controlar su poder terrenal; en continuo enfrentamiento con la jerarquía católica y capoteando la anarquía que propiciaba el cúmulo de libertades individuales promulgado, el gobierno de los pensadores radicales se fue debilitando hasta el punto que, en 1876, el Estado del Cauca se levantó contra Aquileo Parra, Presidente de la Unión (1876-78); esta y otras protestas, señalaron el desgaste del radicalismo en el poder.

En 1880 Rafael Núñez, un antiguo radical, ganó la presidencia con el apoyo de un sector liberal llamado independiente. Contra su gobierno, por parcialidad en el manejo de elecciones locales, en 1884 se levantó el liberalismo y fue derrotado por Núñez con apoyo del ejército conservador; así el presidente rompió con sus antiguos copartidarios y quedó comprometido con sus nuevos aliados. A su alrededor se consolidó una nueva fuerza política -el nacionalismo- integrado por una franja del conservatismo y los amigos personales de Núñez , quien lentamente fue coptando algunos representantes del liberalismo. El gobierno se consolidó con la expedición de una nueva Constitución aprobada en 1886, de inspiración dogmática-católica , autoritaria y centralista, uno de cuyos autores fue Miguel Antonio Caro, la figura fuerte del nacionalismo en la última década del Siglo XIX.

Ausentes del reparto burocrático, ofendidos y vituperados, en 1895 los liberales se levantaron contra el gobierno en una breve campaña y fueron derrotados.

Una acumulación de odios heredados y de venganzas pendientes fue el saldo de las guerras civiles de la segunda mitad del Siglo XIX y el fermento de la Guerra de los Mil Días, la de mayores proporciones por el número de gentes arrastradas a la lucha, por la extensión del país comprometida, por la ruina que generó, por el número de muertos y por sus consecuencias para la soberanía nacional.

Un fósforo forma una hoguera

Dentro de las causas inmediatas de la guerra citaremos la desastrosa política social y económica del partido nacionalista en el poder, su intransigencia ante los clamores del liberalismo que junto con una parte del conservatismo, los denominados históricos, pedían reformas al sistema electoral y a la ley de prensa, descentralización administrativa, incremento en las obras publicas, freno a la corrupción administrativa y eliminación del papel moneda.

Ante una situación de crisis que las autoridades capoteaban con medidas coercitivas, la baja internacional en los precios del café en 1896, y el desgobierno generado por la elección presidencial de 1898 que recayó en don Manuel Antonio Sanclemente, anciano y enfermo, el liberalismo se fue llenando de razones para intentar un golpe armado.

Ya desde la derrota de 1895 sus dirigentes se habían comprometido, secretamente, a poner todo su empeño en preparar adecuadamente un ejército que pudiera derrocar al partido nacionalista. Habían adelantado contactos con gobiernos liberales de Ecuador, Venezuela, y Nicaragua, de los cuales obtuvieron muchas promesas y algunos apoyos concretos. Aun cuando los partidarios de la guerra habían acordado en varias reuniones previas que no se alzarían nuevamente sin estar suficientemente preparados con gente, pertrechos, armas y dotación, la manera como se precipitaron los acontecimientos muestra que el azar estuvo representado por inflexibilidad de un hombre obstinado.

Después de varias reuniones previas, en febrero de 1899 la cúpula del liberalismo belicista escogió el 20 de octubre de ese año como la fecha en que se iniciaría la guerra: entretanto se buscó la alianza con el conservatismo histórico, se adelantó una campaña nacional para convocar al liberalismo a un levantamiento simultáneo, se dieron instrucciones de fabricar, recoger y reunir armas y municiones, e inclusive se financió y se organizó la manera de traer un armamento importante del extranjero. Pese a que los preparativos avanzaban en secreto, el gobierno tuvo aviso y tomó sus medidas. Para comienzos de octubre los dirigentes liberales comprometidos en el proyecto comprendieron que era necesario aplazarlo y así lo solicitaron por varios conductos al médico Pablo Emilio Villar, director del liberalismo santandereano, quien desde Bucaramanga estimulaba la insurrección en todas las provincias del departamento.

Villar sintió que ya habían llegado demasiado adelante y resultaba imposible frenar un movimiento que marchaba acelerado. Ni siquiera un telegrama enviado por el directorio liberal ordenando aplazar el levantamiento tuvo eco y en muchos lugares lo recibieron cuando ya se habían declarado en guerra. Por encima de la voluntad de los dirigentes, que comprendieron la inoportunidad de esta acción, la guerra estalló el 19 de octubre, un día antes de la fecha previamente fijada. Las masas no estaban preparadas y solo en el transcurso de guerra, por distintas motivaciones, se fue congregando ese ejército de voluntarios.

¿Representó este levantamiento los deseos de una mayoría del partido?

En los testimonios de los combatientes se explicitan sus motivos para irse a la revolución, entre las cuales son frecuentes:

Fatiga por la persecución y autoritarismo del gobierno [66] .
Enfrentamiento en torno al asunto religioso [67] .
Intención de evadir el reclutamiento forzoso de las tropas del conservatismo. [68] Deseo de evadir las contribuciones económicas impuestas a los liberales. [69] Sentimiento romántico en torno a la revolución. [70]
Motivaciones partidistas. [71]

Son escasas las motivaciones ideológicas y siempre corresponden a un nivel de educación superior. [72] Lo más frecuente es una reacción emocional que contempla el prestigio del jefe, muestra la presión de la colectividad y la pertenencia a una clientela.

El peso de los muertos

Pese a las numerosas razones del liberalismo para buscar el cambio de una situación de inequidad, el levantamiento de 1899 no logró una amplia base popular, ni una estructura militar adecuada. El transcurso de la guerra puso en evidencia conflictos personales, rivalidades y desconfianzas no solo entre los generales rebeldes sino también entre los dirigentes de los ejércitos del gobierno. Debido a la escasa preparación militar y ausencia de planes estratégicos, las batallas fueron caóticas y sanguinarias, animadas por el licor y por la imposibilidad de volver atrás. Si bien las deserciones en las tropas conservadoras, donde se reclutaban individuos liberales, fueron muy altas, la desmovilización de los combatientes liberales fue imposible por temor al castigo gubernamental. La indisciplina y el personalismo compitieron con la abnegación y el valor.

El machete, como arma mortal, salpicó de sangre a todos los colombianos. En el primer año de la guerra, sucumbió el ejercito comandado por los grandes caudillos liberales, y en su lugar los combatientes hostilizados para su retorno a la vida civil y los grupos rebeldes diseminados por el país se organizaron en guerrillas que en palabras de Fernán González

"...fueron constituídas principalmente por iletrados del campo, campesinos sin tierra, pequeños propietarios y colonos, trabajadores independientes, negros de las dos costas, indios de la Guajira, sur del Tolima, del Cauca y Panamá. En menor número, tambien por artesanos, desocupados y empleados domésticos, asi como por unos pocos estudiante, comerciantes y empleados pues la mayoría de ellos prefería alistarse en las tropas regulares del liberalismo."

Estos grupos irregulares incorporaron gran numero de mujeres, niñas y niños; en un peregrinaje en busca de sus objetivos, tenazmente perseguidos, agotados por sucesivos ataques de resultado cambiante, se fueron pervirtiendo y algunas veces derivaron en grupos de asaltantes, saqueadores e incendiarios que dieron lugar a la fase mas siniestra y sangrienta, la de la guerra sin normas ni leyes, que prevalece en los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Huila, Cauca, y la Costa Atlántica.

Por su parte el conservatismo histórico, al dar el golpe de estado al presidente Sanclemente en julio 1900 y entregar el ministerio de guerra al iracundo Aristides Fernández, destruyó la posibilidad de un acuerdo que hubiera podido finalizar la guerra en su primera etapa. La declaratoria de guerra a muerte, los concejos de guerra verbales, los fusilamientos apresurados hicieron la contienda mas larga, mas bárbara y más ruinosa

La degradación del conflicto y la escasa posiblidad de un triunfo rotundo convencieron a los generales rebeldes Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera de la necesidad firmar tratados de paz con el gobierno y desmovilizar sus ejércitos en los meses de octubre y noviembre de 1902.

Sin embargo, encarnizados en la lucha, los grupos guerrilleros y los extremistas del gobierno, mantuvieron la guerra a muerte hasta 1903.

¿Vencidos o vencedores?

En realidad, todos perdimos la guerra:

"Se ha estimado en 80.000, sobre una población de 4´000.000 de habitantes el número de muertos que causó la guerra de los Mil Días. En combate, por enfermedades epidémicas, fusilados o asesinados, fueron vidas sacrificadas inútilmente: el liberalismo no logró derrocar al gobierno y éste, pese a los extremos violentos hasta donde llegó, no pudo restablecer el orden social y terminó perdiendo el poder." [73]

No resultó cierta la inflamada proclama del general Uribe Uribe al entrar a Bucaramanga, cuando anunció a sus soldados "¡La Providencia se nos ha pasado con armas y bagajes!

Aun en la derrota, el partido liberal logró en los años inmediatos reconocimiento y espacio; el gobierno del general Rafael Reyes iniciado en agosto de 1904, sorprendió a sus copartidarios escogiendo dos ministros liberales: Enrique Cortés en Relaciones Exteriores y Lucas Caballero en Hacienda; aunque los comentaristas frívolos dijeran que los liberales "habían sido tratados cortés y caballerosamente", lo cierto es que, como lo observó Gerardo Molina, con este gesto se "legalizó el liberalismo". Y en esas circunstancias, muchos de los principios que lo habían llevado hasta la lucha armada, fueron asimilados como parte de una nueva visión política.

Uribe Uribe, ministro plenipotenciario de Colombia en las repúblicas de Suramérica y Benjamín Herrera, héroe invicto del liberalismo, fueron desde entonces predicadores de paz. El antibelicismo marcó la dirigencia liberal colombiana durante el Siglo XX, en contraste con las tendencias guerreristas que siguieron mostrando sus opositores.

De la guerra, lo dice Malcolm Deas, " emerge otro liberalismo, el de Herrera y de Uribe Uribe que se puede ligar al liberalismo modernizante de los años 30";[] "la guerra y las experiencias de la guerra, las reputaciones que salieron de la guerra, hacen de ese partido, si se quiere, un gran partido popular." [74]

La búsqueda de una posición de centro y una soterrada cautela ante los llamados de la revolución, quizá herencia de la experiencia traumática, frenaron la aclimatación de las tesis de la izquierda combativa, que en otras naciones de América tomaron gran fuerza en las primeras décadas del Siglo XX.

Pero, en verdad, la guerra de los Mil Días dejó saldos impagables que han socavado en muchos aspectos la fortaleza de la nación colombiana :

El golpe a la noción de soberanía y el detrimento del propio territorio, con la separación de Panamá.

Una experiencia guardada en la memoria colectiva de la cual surge, en nuevas oleadas, la lucha guerrillera que hoy, nuevamente, destroza el país.

Los millares de hogares destruídos, niños huérfanos, jóvenes sacrificados y familias que no pudieron reencontrar su rumbo ni reconstruír su dignidad.

Pregunto: Si como lo percibimos, el ciclo tiende a repetirse, ¿ cuándo podremos estar a paz y salvo?

Nota: [63] Gonzalo Sanchez y Mario Aguilera (Editores) , Memoria de un país en guerra, los mil días 1899-1902, (2001). Editorial Planeta Colombiana, S.A. Bogotá, 2001.

Malcolm Deas, Las Memorias de los generales , Apuntes para una historiografía de la guerra , en Op. Cit. recomienda la siguiente bibliografía reciente: Jorge Villegas y José Yunis: La guerra de los Mil Días, (1979); Carlos Eduardo Jaramillo: El guerrillero del Paraíso (1986) y Los guerrilleros del novecientos (1991) ; Charles Bergquist, Café y Conflicto en Colombia, (1999), Aída Martinez Carreño La guerra de los Mil Días, testimonios de sus protagonistas (1999).

[64] Citdo por Milton Puentes en : Historia del partido liberal colombiano, pag 20, Editorial Prag, Bogotá, 1961

[65] A la Convencion llegó el partido liberal dividido en gólgotas y mosqueristas que finalmente se agruparon bajo el nombre de radicales.

[66] ....transcurría apaciblemente el tiempo sin que nada hiciera notar la efervescencia de liberalismo que sufria con paciencia el latigo conservador gobiernista; la vida se desarrollaba dentro de una cordialidad relativa interrumpida a veces por la hostilidad de los funcionarios publicos y demas elementos conservadores que hacian ostentacion visible del poder y del mando, de la supremacia de castas y clases....

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días CAJA 269, exp. 397, teniente Alejandrino García Ramírez

[67] ...La mayoria potente de las armas que esgrimian contra los anticatolicos y contrarios al credo de la feligresia parroquiana que sentaba su base en el estado.

Ibid

[68] ...Como los conservadores comenzaron a reclutar gente de las haciendas yo como liberal para no dejarme reclutar de los godos me tuve que ir con las fuerzas del general Max Carriazo...

[69] ... fuimos sorprendidos un buen dia por el decreto militar del gobierno conservador en que se daba cuenta que el orden publico estaba turbado y se nos obligaba a los liberales mas pudientes de la localidad a pagar forzosamente una contribucion diaria de $5 c/u para que esta suma ingresase al fondo de defensa del gobierno por un temino no menor de 60 días ...en Salamina ... resolvimos resistirnos a la contribución poniendonos de acuerdo con el coronel Jose Solano Patiño, Celestino Zapata y otros dar pie alli mismo a la revolución que ya segun noticias que teniamos estabase extendiendo de pueblo en pueblo...

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días, Caja 269, Exp. 402, Eugenio García Ramírez

[70] ...en el mes de octubre de 1899 ... me encontraba viviendo en la fraccion de Ilarco, jurisdiccion de Purificacion, departamento del Tolima... los jefes liberales... empezaron a organizar alli una columna liberal revolucionaria que al poco tiempo llevo el nombre de batallón Maceo...[me alisté] entusiasmada con el movimiento revolucionario y con la esperanza de contribuir al derrocamiento del gobierno conservador de aquella época ...

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días, Caja 140 Exp. 1047 Eulalia Castañeda

...Cuantos pertenecíamos al partido liberal nos alistamos bajo la bandera roja y fuimos a los campos de batalla a defender nuestro ideal...

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días, Caja 50, Exp. 1338, sargento mayor Eduardo Ariza.

Me pronuncie el dia 17 de octubre de 1899 junto con unos doscientos muchachos liberales gallardos y entusiastas por la causa del partido liberal...

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días, Caja 70, Exp. 330, sargento Julio Barroso.

[71] En mi carácter de liberal convencido por principios y por raza, llegada la guerra de 1899 presté mis servicios personales y pecuniarios...

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días, Caja 461 Exp.307, mayor Ignacio Ortegón.

[72] ...Recien venido de Paris en donde estudiaba entonces estallo la guerra de 1899 y no pudiendo regresar a Europa resolví alistarme en las milicias revolucionarias movido por el deseo de apoyar las ideas que entrañan las aspiraciones del liberalismo... Al finalizar la guerra por diversas causas me fue imposible volver a Europa y en esta poblacion como fuera de ella, en la tertulia, en la plaza publica, en la cátedra, en el Concejo, en la asamblea, ora con la pluma, ya con mi dinero, siempre defendí las ideas que he considerado verdaderamente liberales, a ser el fomento de la instrucción y de la educación, la cultura, la tolerancia, la disciplina, el respeto de las opiniones ajenas tanto políticas como religiosas, la honradez, la lealtad y el carácter, el valor , el espiritu publico y democrático, el amor a la familia y a la patria y el temor de Dios...

AGN, Veteranos de la Guerra de los Mil Días, Caja 555 Exp.540, sargento mayor Manuel Ribon Padilla

[73] Aída Martínez Carreño, La guerra de los Mil Días, testimonios de sus protagonistas, Bogotá, Editorial Planeta, 1999.

[74] Malcolm Deas, "la Regeneración y la guerra de Los Mil Días" en Aspectos polémicos de la Historia colombiana del Siglo XIX, memoria de un seminario, p. 72 y 78, Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, 1983.

 

 

 
 
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