FINAL
Historia
 

Dos liberales costeños, Alberto Pumarejo Vengoechea y Simon Bossa

Alberto Pumarejo Vengoechea

 
     
 

Ejecutivo, Legislador y Amigo Leal

Recuerdo las tardes vallenatas, cuando mi abuela Clemencia Pumarejo de De Armas se reunía con algunos de sus sobrinos mayores, entre ellos José, Tito, Tobías Enrique, Francisca (Pacha) Pumarejo Gutiérrez, Pedro Manuel Pumarejo Quiroz, y nosotros los imberbes, en el amplio zaguán de su mansión colonial, donde en lejanos tiempos habitó don Juan Manuel de Pumarejo y Casuso, en compañía de su primera esposa, dona Maria Francisca Mujica y Rojas. De ese matrimonio nacieron Maria Josefa, José Antonio y Manuel José de Pumarejo y Mujica. L a casa, ubicada hoy en la carrera 5 No. 14-19 "Carrera de la Estrella" a media cuadra de la Plaza "Alfonso López"; aún esta en poder de una descendiente de los Pumarejo: Doña Eulalia de Armas. Eran tranquilas tardes, que "se las llevó el viento", al decir de nuestros juglares.

Muerta doña Maria francisca, Don Juan Manuel contrajo segundas nupcias con Doña Rosa Maria Daza y Bolaños. En este hogar nacieron José Domingo y Juan Manuel de Pumarejo Daza; como era de usanza en esos Siglos (XVIII), construyó para su nueva esposa, -ya lo había hecho para la primera- la casa situada hoy en la esquina de la Plaza Alfonso López Pumarejo; que con el correr del tiempo fue adquirida por la familia Castro Monsalvo.

No es mi propósito pintar en este artículo el árbol genealógico de los Pumarejos. No obstante estar yo colgado en una de sus ramas. Antes por el contrario, trato de sacudir alguna influencia familiar y emocional para enfocar, como se lo merece, objetivamente la personalidad cardinal del Doctor Pumarejo Vengoechea.

Pero la anterior consideración, no impide ilustrar brevemente a las generaciones presentes sobre el origen de este apellido limpiamente español, incrustado en la historia de Colombia, desde la última mitad del Siglo XVIII.

Las dos uniones matrimoniales realizadas por Juan Manuel de Pumarejo y Casuso, a partir de 1730 en Valledupar, constituyen los troncos o ramas mayores de donde provienen numerosas familias diseminadas en las antiguas provincias de Valledupar y Padilla; en Santa Marta y Barranquilla.

Los del Atlántico, en su mayoría son los sucesores históricos de Don José Domingo de Pumarejo Daza, quien debió de enfrentar solo las responsabilidades de su madre viuda, y la inmensa fortuna heredada, sin la ayuda de su único hermano de padre y madre, porque éste había muerto joven en la ciudad de Riohacha sin dejar descendencia.

Don José Domingo, casado primero con Doña Marcelina Daza y Daza, enviuda en 1829, y contrae segundas nupcias en 1830, con la prestante dama doña Ciriaca de Quiroz y Daza, Cartagenera, de donde nacen: Rosa Andrea; Juan Salvador Sinforoso; Isabel Maria Martina; Josefa Antonia Cleofe; José Domingo Segundo; Manuel de Jesús y Luis Gregorio Urbano.

En adelante, por la excelente educación recibida en Santa fe de Bogotá, su imponencia física, las buenas relaciones políticas, y sus antecedentes de patriota, con sus hermanos del primer matrimonio – los Pumarejos Mújica – y su hermano de sangre Juan Manuel, quien firmo el acta de la independencia de Valledupar, fueron méritos suficientes para que la dirigencia de la antigua Gobernación de Santa Marta ( Departamento del Magdalena) lo eligiera Senador de la República en 1842, correspondiéndole durante ese periodo ser co-protagonista en la elección del Presidente José Hilario López, en el Convento de Santodomingo.

Mas adelante, la vida y la política le jugarían una mala pasada al linajudo Senador Conservador, porque los parientes de ambas ramas Pumarejos y su hijo Urbano se volvieron liberales y de una u otra forma ayudaron al General Uribe Uribe en la Guerra de los tres años.

A estas alturas comenzaba a tejerse, por cuestiones del destino, el futuro promisorio del conductor político Alberto Pumarejo Vengoechea.

La nutrida progenie de Don José Domingo, cruza sus vidas con las de encumbradas parejas del mundo social de Santa Marta y el extranjero, para formar descendencias sólidas, que a su vez ensancharon el enjambre familiar, complementándolo con frescos enlaces en diferentes ciudades del país, como el de don Pedro A. López, (ilustre comerciante internacional del café), con doña Maria del Rosario Pumarejo Cotes, madre del Ex presidente Doctor Alfonso López Pumarejo, quien en su madurez contrajera segundas nupcias con Doña Olga Dávila Pumarejo, bisnieta de Don José Domingo de Pumarejo Daza. El Ex presidente Alfonso López Michelsen, por tanto, es nieto de doña Rosario.

Aquel compacto núcleo de ejemplares humanos, giró principalmente alrededor de un consejero Extraordinario: DON URBANO PUMAREJO, el padre de Alberto, José Domingo, Beatriz, Josefina, Isabel y Armando Pumarejo Vengoechea.

No podemos analizar la vida privada y pública de Alberto Pumarejo, sin ligarla a la de su padre, porque El respetó su memoria, prolongó sus ideales y nunca rompió los vínculos con la tierra de sus mayores: Valledupar.

Don Urbano calcó las condiciones personales de don José Domingo, su padre, y las mejoró. Su manera de ser, un siglo después, aún se comenta entre quienes formamos parte de los genes comunes.

Mi padre, Francisco Villazón Quintero, que lo conoció bien, por ser don Urbano su padrino de bautismo, en algunas ocasiones me describió facetas de su impresionante personalidad. A pesar de ser un hombre metódico y buen administrador de sus bienes, los comprometió en financiaciones durante la guerra de los mil días, aconsejando también a su ahijado y otros jóvenes enrolarse en las brigadas del General Uribe Uribe. Mi padre lo hizo y cumplió un compromiso en la confrontación bélica de Riohacha, acompañando también a su cuñado el Coronel Viviano Caballero, en la batalla de la Cienaga Grande. El retrato del Coronel Caballero, creo que aún preside el Consejo Municipal de Cienaga. Si no es que los nuevos dirigentes de Cienaga, lo hayan colocado en otro lugar.

Primo muy cercano de mi abuela, Clemencia Pumarejo, me contaba que durante la liquidación de la " Compañía de Navegación del Cesar y Sus Afluentes", fundada por don Urbano con su gran amigo José Maria ( Pepe) Castro Baute, todos los días almorzaba donde Ella y luego salía "a hacer la Siesta", donde una hermana media, que vivía frente a la antigua casa de José Vicente Villazón Guillén, tío que fue de mi padre.

Antes de viajar a Barranquilla, obsequió a sus parientes y amigos varios bienes e impartió consejos para que nuestra familia no se dejara destruir.

Estaba ya, en ese tiempo comprometido con grandes obras en el Departamento del Atlántico y con sus amigos políticos en el país, al igual con destacados comerciantes nacionales y extranjeros.

Pero por sobre todo quería dedicarse en Barranquilla a su más importante empresa: Velar por la buena formación espiritual, académica y material de su familia. Dios le premio estos desvelos y le concedió los frutos que todo buen cabeza de hogar aspira: Integrar un Clan unido y escoger un vocero que los represente: Así surgió Alberto Pumarejo Vengoechea.

Alberto, quien como sus hermanos, además de reflejar el carácter de su progenitor, también lleva en las venas la influencia de la familia Vengoechea, liberales y probos, viene a convertirse en la resultante excepcional, para lo que el mundo de los negocios, el civismo y la política le deparen.

Mucho podríamos disertar sobre el consagrado capitán del liberalismo costeño y nacional, pero la limitación del espacio nos impone entregar a la historia del partido, su apretada hoja de vida y algunas reflexiones adicionales.

Sin mayores vigilancias paternas, abrevó en diferentes sitios docentes de Europa y finalmente recibió el diploma de abogado en noviembre de 1916 en Bogotá.

" Con el Cartón en la mano " como decían los provincianos, y no obstante que su padre se movía en el mundo de las finanzas, como condueño del Banco Comercial de Barranquilla, Administrador de la Aduana, fundador de la firma " López, Pumarejo y Compañía, ", miembro de la " Liga Costeña", y hombre de confianza del ex presidente Carlos E. Restrepo, Jefe Nacional de la UNION REPUBLICANA; el doctor Alberto Pumarejo, quizá con el visto bueno de su padre, recurre a los ancestros Vallenatos ( Los descendientes de los Pumarejo Mujica y los Pumarejo Daza, de los dos matrimonios de Don Juan Manuel Pumarejo y Casuso, el único viejo tronco español de los Pumarejo en Colombia ), para pedirles que apoyen su nombre como candidato del Departamento del Magdalena ( Cesar, Magdalena y Guajira). Pumarejo fue elegido diputado en 1917.

Por su comprobada preparación intelectual y jurídica no lo dejaron ejercer la Diputación, perjudicando en esta forma a su gente de lo que hoy es el Departamento del Cesar. El Gobernador del Atlántico, doctor Abel Carbonell, lo nombro alcalde de Barranquilla, frustrando así muchas esperanzas liberales, que aún estamos pagando.

Por la eficiencia sobrada de sus desempeños, de ahora en adelante se desgranan para él rosarios de obligaciones que uno de sus hijos, JAIME PUMAREJO CERTAIN, mi pariente y amigo, se digno suministrar:

1923: Prefiere cumplir, como abogado honesto consigo mismo, una especie de practica judicial o forense, dedicándose a ejercer el cargo de Juez Segundo del Circuito, entre junio 15 de 1923 a enero 22 de 1925.

1925-29-30. ( E.P.M.B.). Como uno de los principales gestores de este ente central y catapultador de la Barranquilla del primer medio siglo XX, Pumarejo Vengoechea nunca descuido su marcha, por lo que siempre estuvo presto a empuñar el timón de las " Empresas Publicas Municipales de Barranquilla", creadas el 29 de mayo de 1925.

1930. Gobernador del Atlántico entre el 1 de septiembre y abril de 1931; en la administración de Olaya Herrera. También ocupo ese cargo hasta 1946, durante el Gobierno de Alberto Lleras Camargo.

1931. Por decreto 1317 Olaya lo promueve al Ministerio de Correos, donde imprime su huella de ejecutor y creador. Contrario a lo imaginable, supera las dificultades de la crisis financiera mundial y asesora al presidente, para lograr la extensión de líneas telegráficas tendidas en las oquedades Colombianas; inventa las " Encomiendas, Postales", ( Lenguaje Vallenato), fomenta la Ondas Cortas como ágil método de comunicación en esos días, y, como buen Barranquillero lucha por él trafico aéreo, gestado en su querida ciudad.

1934. Los decretos 1130 y 1613 le entregaron al Ministerio de Guerra entre julio de 1931 a mayo de 1934, en el gobierno del presidente Enrique Olaya, donde probó su serena autoridad, lo que desmienten las "catilinarias "de sus contradictores godos, al afirmar que "no distinguía entre un cabo y un general". El presidente Olaya tacaño en el relevo de sus ministros, por algo conservo durante su periodo al Doctor Alberto Pumarejo Vengoechea, lo que demuestra su leal y sabia consejería.

El presidente Alfonso López Pumarejo le encomendó la depuración de la Policía Nacional, infectada por el virus de la política partidista. Allí trabajo entre septiembre y octubre de ese mismo año.

1934. Cuando braceaba buscando formulas en procura de un buen cuerpo policial, le sobrevino un cargo eminente: la Designatura a la Presidencia de la Republica, que ganó en franca Lid, superando a su prestigioso contradictor, el doctor Laureano Gómez, por 24 votos.

Ocupo la Designatura desde el 2 de octubre de 1934 hasta el 31 de diciembre de 1936. Por eso los costeños soñaron con que Pumarejo pudo haber sido otro Rafael Núñez, así fuera por menos tiempo.

1934. Pero el designado costeño, distinto a los vicepresidentes de ayer y de hoy tuvo funciones diferentes: Presidio el Consejo de Estado, desde el 1 de noviembre de 1934 hasta julio de 1937. O sea que como jurista y político, respondió a los programas del Presidente López, se identifico con la justicia Contenciosa, tal como la concebía la Republica Liberal, cimentada por su equipo de doctrinantes, pensadores y juristas, más el pueblo vigilante.

1938-1943-1949-1958-1962. Estas fechas recogen el largo ciclo legislativo del parlamentario Alberto Pumarejo, interrumpido a veces por el Ejecutivo o por requerimientos de la Diplomacia.

Los anales del Congreso, rubrican la imparcial envergadura de su inteligencia. Fue un hombre de partido con amplias ideas, sin apartarse nunca de los intereses regionales, depositados en él, como era la costumbre en esos años, formalmente democráticos. Cada quien defendía su terruño. Así actuaban Antioqueños, Vallecaucanos, nuestros parientes Santandereanos, frente a unos Costeños dispersos e incomprendidos. Apenas se percibía la hidalga preparación académica e historicista de los lideres Cartageneros, o las presiones apergaminadas de los Samarios, en coalición permanente con la cultura antillana de los Riohacheros, complementada o reforzada electoralmente por los Vallenatos, bien entroncados en las alturas de provincia o en Santafé de Bogotá y Medellín.

Nada de estos falsos apóstoles quedarán. Pero de Alberto Pumarejo brillarán muchas enseñanzas subjetivas, objetivas e imperecederas.

Quedará su imagen ateniense. O la que deseen retrotraer sus amigos o los estudiosos de su vida privada y pública. Así lo imaginaran los clubmans del centro social de Barranquilla, vestido de lino blanco, con espejuelos de oro y ademán parsimonioso, que algunos despistados calificarán como aristocrático y desdeñoso, ignorando al avizor de proyectos nacionales, que en ese momento discute con sus contertulios, para construir el ferrocarril, de Bogotá a Sogamoso, o dar el salto sobre el Río Magdalena, con su puente que un día lo llamaron Laureano Gómez, y el pueblo espontáneamente escribió en sus columnas el nombre de Alberto Pumarejo.

Pero además el historiador tendrá que agradecer al señor Presidente Eduardo Santos su acierto, cuando escogió a nuestro coterráneo, para darle mayor validez a las conversaciones y conclusiones del Acuerdo y Tratado Santos-López-Contreras, donde se delimito nuestra actual frontera Colombo-Venezolana. El país no ha reconocido esta fraterna labor internacional del doctor Pumarejo, quien siempre expreso su afecto por la patria nativa del El Libertador.

En 1949 ya había muerto mi padre, y con escasos recursos yo estudiaba quinto de bachillerato en el Colegio Americano. Por insinuación de mi condiscípulo de curso superior Álvaro Cepeda Samudio, acudí al Banco Comercial de Barranquilla donde a veces hacían pequeños préstamos a estudiantes de secundaria. Explique mi necesidad. Allí esperaban varios jóvenes. Mi sorpresa fue cuando antes de media hora, surgió la imponente figura del Doctor Alberto Pumarejo, quien violando los turnos, me invitó a entrar a su despacho. De niño lo había conocido en Valledupar, durante el recibimiento que le brindaron cuando ingreso por primera vez al Congreso. El acto, ese día, se cumplió en una plazuela de la calle Santo Domingo, cercana a la antigua residencia de Don Lucas Monsalvo Araujo.

Contrario a lo esperado, el sabía de mi, la familia, el nombre de mi padre y su condición de ahijado de Don Urbano Pumarejo. Me dio consejos y sin mediar papel me ordenó: "dígale a Mr. Parker (era el Rector del Americano) que usted es mi pariente y que durante tres meses mande por la pensión (40 pesos) mensuales aquí al banco. Y si usted en esos tres meses no me falla ya no tiene de que preocuparse". Nunca le fallé, hasta alcanzar mi grado de bachiller en el Colegio Americano, cuya sesión solemne se verifico en el teatro Murillo de Barranquilla. Mi mecenas estuvo allí.

Mucho tiempo después en la ciudad de Baranoa (Atlántico) bajo un amable toldo liberal que presidía el doctor Pumarejo, unos jóvenes liberales me nombraron su vocero. Algo no le gusto de mis frases al veterano liberal, y en privado me lo dijo. Después lo vi crecer en la tribuna y muchas de sus palabras siguen vigentes en mi: "Si no hay Autoridad, Unión y Libertad el Camino es Oscuro ". El antiguo Cassette lo tengo. Se lo regalare a mis hijos, si es que no los matan o les quitan su libertad o el derecho a ser iguales a quienes nada les pasa, así sean delincuentes de cuello blanco.

El sabio proverbio dice que los hombres pasan y sus obras quedan. Y los campesinos afirman: "Yo moriré, pero el árbol que dejé alto dará sombra a muchos, vivos y muertos".

Alberto Pumarejo Vengoechea, liberal de estirpe y de condiciones, dejó huella imperecedera.

Defendió la juridicidad, al entregar a la ciudad de Barranquilla, en 1922, con sus compañeros de junta José Fuenmayor R., Marco Tulio Mendoza Amarís, Julio H. Palacios, Santander Marques M, General Gabriel Marques Aparicio y el doctor Alberto Osorio, la estatua que por contribución pública, siendo el su tesorero, regalaron a Barranquilla y a la Costa Atlántica, cuya efigie preside el Parque Santander remodelado por la empresa Avianca.

En esa ocasión, Alberto Pumarejo escribió: "Señores vengamos con frecuencia a este sitio a contemplar la imagen tutelar del Hombre de las Leyes, y así recordaremos, llegado el caso, que antes de defender con la punta de la espada la libertad y el derecho, debemos apelar a la constitución y leyes de la republica".

Algunos ignorantes creen que Bocas de Ceniza es un problema local. Pero no lo pensaron así Alberto Pumarejo, Alberto Roncallo y Abel Carbonell cuando en 1925 legalizan con el Gobierno Nacional la construcción de los tajamares en la desembocadura del Río Mayor de la Patria, y no contentos con ese triunfo, se ganan la carretera Barranquilla – Puerto Colombia.

Este no era un regalo para los Ñeros. Era toda la nación la favorecida, que aún sigue pidiendo franca salida al mar a través del Rió, por donde ha navegado la historia durante miles de años, antes y después de la conquista española.

Fiel a si mismo, la mente de Alberto Pumarejo maquina, no para su mezquino interés. En esta ocasión lo inspira la capacidad, inteligencia e iniciativas prácticas de don J. Mario Santodomingo, admiración que le trasladará a su sobrino, de menor edad, Julio Mario Santodomingo Pumarejo.

Los dos se respetan, se admiran y trabajan a distancia, pero nunca surgirá un desarreglo de confianza ni nada que los empañe. Esta conducta le da prestigio a ambos: Al conductor recio, y al empresario entregado a su trabajo. Resultados: La Costa Atlántica se beneficia y el país los respalda, los consulta, cada quien en su campo para lo que haya lugar, limpiamente.

Esta es la lección que a Colombia le entregaron, Don Juan Manuel Pumarejo y Casuso y sus descendientes. Lo mismo don Pedro A. López y todos los suyos. Igual los Vengoecheas y los Certain.

Nada se ha escrito suficientemente sobre lo que significó Alberto Pumarejo para el Ex presidente Alfonso López como su primo, pero no por ser su primo. Los invitaría a releer los documentos de estos dos hombres, o revisar las grandes decisiones adoptadas durante los 16 años de la Republica Liberal. Pumarejo Vengoechea siempre encendió su propio bombillo, no hablo por boca de nadie. Pero tampoco dio un paso fuera de el camino de la Revolución en Marcha. Como orgullosos tropero acompañó a su Jefe en el final político y hasta que su vida se apagó. Pero no como un servil, sino a la altura de un miembro cercano a la familia Pumarejo, la de todos, la misma en el tiempo, esa que discretamente y sin apremios sigue rodeando al Ex Presidente Alfonso López Michelsen .

BIBLIOGRAFÍA:

Estudio y micro biografía de Rodolfo Segovia, Ex Ministro de Estado

Documentos del doctor Luis H. Palacio

Documentos del doctor Jaime Pumarejo Certaín

Tradición Oral

Simon Bossa

Patricio y jurista Liberal

Cada vez que el Caminante se acerque a las ennegrecidas murallas de Cartagena y penetre al recinto de la ciudad antigua, sentirá el peso de la historia y el viento de la grandeza, emanada de sus gentes ilustres.

Pero esta sensación no se referirá únicamente a los hechos ocurridos en los tiempos coloniales, a la lealtad realista de sus moradores frente al pirata invasor y depredador, ni a los combates caballerescos ocurridos en las guerras civiles del siglo XIX; Si no que el interesado en la Vida Interior de Cartagena deberá auscultar la fuente crepitante de sus hombres – insignia, cuyas trayectorias constituyen una constante en las disciplinas académicas y profesionales; y en el cultivo de virtudes ciudadanas, hoy en franca decadencia, por culpa de la cultura moderna.

El Visitante Acucioso, entonces, se hundirá en los vericuetos de Calles, Callejones y Pasillos de la anciana ciudad, para: intermitentemente leer las placas alusivas a personajes símbolos de múltiples actividades, como la Fundación de Cartagena de Indias, con su Pedro de Heredia doblemente amancebado con una India Gairera, y la conquista de los Caribes; o recordar la leyenda de Don Blas de Leso al frente de bravos españoles y negros indomables; el fantasma del Pacificador Don Pablo Murillo, cortando cabezas de patriotas criollos; o verificar en alguna Casona Hispana su lista larga de hombres y mujeres, que acogieron al derrotado Simón Bolívar y por lejanía respaldaron a Francisco de Paula Santander; o ya en el discurrir de la Republica del Siglo XIX, vapuleada por un rosario de sucesivas guerras civiles, el " Caminante " encontrará rastros de disparos de cañón fratricida, en San Felipe de Barajas y en la Popa, ecos de abordajes y, quizá por una especie de fenómenos parapsicológicos escuchará el último grito de Ricardo Gaitán Obeso, el héroe de Marbella, muerto después en Panamá, cuyo Corazón encontró albergue en la oficina del Doctor Simón Bossa, gracias al General Manuel Santo domingo Navas.

Llegado el "Caminante" a una dirección ubicada en la "Calle de la Moneda", mirará una modesta placa, que lo invita, según sus motivos, a entrar, que no "Timbrar", a la oficina de abogados "Pareja y Bossa".

Desde ese momento el "Caminante", como diría Antonio Machado,, descubrirá que allí existió un camino conducente al pesado escritorio de madera autentica, donde un jurisconsulto ejerció la profesión de su vida, o sea ser eficiente y leal con su Partido Liberal, su familia, y la ciudad donde nació (Arjona) y la adoptiva (Cartagena) y además iluminó de sapiencia, honestidad, desprendimiento, y serena autoridad, el histórico Estado Soberano de Bolívar, abuelo político e intelectual de todo lo que fue la Nueva Granada y lo que es hoy la República de Colombia.

Despidiéndose del "Caminante", Crispín Villazón de Armas, en un escritorio del periódico "El Universal"de Cartagena el año 1949, siendo estudiante del Colegio Americano de Barranquilla, y acompañado de Álvaro Cepeda Samudio, tuvo el privilegio de conocer a un patricio que sintetizó el trasegar de dos mitades de siglos, generaciones distintas, culturas diferentes, experiencias amargas, caracteres confundidos, frente al país que nos entregaron los libertadores con sus sargentos, envanecidos mediante títulos falsos, haciendas mal habidas y hábiles recursos "jurídicos".

Ese fue el Doctor Simón Bossa a quien nos referiremos en este corto escrito, al igual que al entorno donde se realizó su vida fructífera.

Cuando se me invitó para disertar sobre un Liberal Costeño; respondí que lo haría sobre alguien idóneo, no cubierto por la sombra asfixiante del Doctor Rafael Núñez, cuya alta figura parece haber llenado por muchos siglos los espacios políticos de los siete departamentos de la Costa Atlántica.

Y no me equivoqué. Al repasar la nomina de Costeños Liberales Ilustres, descubrí muchos y arbitrariamente escogí tres, comenzando por Simón Bossa.

Me impresiono sobremanera su temple liberal, la pasión por el ejercicio de la abogacía, su condición de patriarca bíblico dedicado a su numerosa familia, el culto a la amistad y la generosidad con los humildes de su empobrecida tierra, el profundo conocimiento de la situación nacional hasta el día de su muerte ocurrida el 1 de Marzo de 1950,en su amada Cartagena, la recta construcción de su propia personalidad que se asemeja a un proyecto bien ejecutado, iniciado desde su nacimiento en la ciudad de Arjona ( Bolívar), el día 28 de octubre de 1863 en el hogar formado por el Doctor José Manuel Bossa y Doña Teresa Pereira y Castaños.

Esta objetiva impresión la confirmo, después de repasar cada una de las instancias vitales del Doctor Bossa, bien como estudiante en su pueblo de Arjona y en el "Colegio Araujo" de Cartagena, "posado" como interno en la casa de Don Juan N. Pombo, bajo cuyos lares también repasó las clases recibidas en la "Facultad de Derecho" del Colegio del Estado Soberano de Bolívar" que viene a ser actualmente la Universidad de Cartagena.

Se Doctoró de abogado y jurisprudencia el 6 de Enero de 1885, ( día de los Santos Reyes ) y, refiere al doctor Rafael Ballestas Morales, en un excelente artículo sobre la vida de Bossa, que "Tan pronto sé "togó", fue victima de los rigores de la guerra civil que se extendía por todo el territorio nacional".

Pero este regalo de grado también lo detalla el mismo doctor Bossa en un castizo reportaje concedido a José Gabriel de la Vega el 16 de septiembre de 1943, en El SIGLO, de Bogotá, donde el entrevistado nos dice: "Salía de la ceremonia de grado, juntamente con mis profesores, cuando entraban al colegio, desde ese momento convertido en cuartel, carretas cargadas de fusiles y pertrechos". El mismo cuenta con franqueza que en esa guerra solo estuvo brevemente preso, y quien peleó fue su padre el Doctor José Manuel Bossa.

Nuestro personaje se exilio en Panamá, asociado con su mejor profesor, Doctor Eloy Pareja, abriendo un bufete de abogados en la Ciudad de Colon, con gran éxito, hasta la quiebra de la compañía francesa constructora del canal, por lo cual se regresaron a Cartagena, el año de 1890.

Su tradición Liberal, la reconocida preparación jurídica y su independencia, lógicamente lo condujeron a los predios de la política.

Irrumpió como secretario del Doctor Felipe Paz, antiguo convencionista de Río Negro y jefe del partido liberal de Bolívar; Sucesivamente trabajó con Manuel Santo Domingo Navas ( quien le encomendó la custodia del corazón de Ricardo Gaitán Obeso), Manuel Núñez Ripoll, Eloy Pareja y otros; hasta que un día de 1899 estallo la guerra de los mil días y quedo inmerso en el torbellino fratricida.

Su actuación en este episodio bélico fue eficiente pero desaprovechada por el general Adán Franco, apodado "El INEPTO", por sus malas estrategias en las batallas de Tolú Viejo y Mahates a cuyos contingentes, el doctor Bossa había aportado 200 fusiles y 500 hombres de tropa, que se salvaron de la masacre por la demora del General Pedro Nel Ospina, acampado en San Onofre y a la firma del tratado del Wisconsin en Panamá. Acerca de esas ocurrencias, este Ser extraordinario confiesa a su interlocutor de la Vega: "Sin disparar un tiro me restituí a las pacificas empresas. – Así formose cierto renombre militar que para mi elogio han propalado benévolos coterráneos".

Pero no era cierto, por que ya estaba signado con la doble divisa de la justicia ciega, y el severo carácter del hombre serio. Por eso, su partido, ya fusionados los Uribistas y Parristas del Estado Soberano de Bolívar, dirigieron sus miradas al abogado ecuánime y al soldado sin ínfulas, que persistía en un liberalismo con criterio nacional y defensor de las banderas reformistas de la época, a favor de las masas ignaras. Entonces le sobrevinieron responsabilidades, honores, y ejecutarías. Una sucesión de acontecimientos lo envolvieron hasta convertirlo de simple abogado de provincia en figura Nacional, parigual de los grandes de su época y amigo contertulio tanto de los herederos del Radicalismo Liberal, como de quienes procuraban la reconciliación, después de la guerra de los tres años (1000 días).

La Causa? Varias. Varias causas: Como abogado había conocido y aplicado la ciencia jurídica universal de sus maestros ( Bonecasse, Ripert, Ihering, Josserand, Savigni, Savatier, Aubry y Raú); Como hijo de su Cartagena le había aceptado al Gobernador Conservador José Francisco Insignares, la Secretaria de Gobierno y Guerra, en el ahogado esfuerzo de " UNIDAD NACIONAL" por salvar lo insalvable en la secesión del Istmo.

Malogrado ese intento, renunció. De esta experiencia diría, según de la Vega: " Los Patrióticos ensueños, ante la realidad adversa, se marchitaron recién abiertos, como las rosas del poeta".

En adelante ya no hubo descanso en este liberal, que sin jamás ofender la memoria de su paisano Rafael Núñez, siempre dijo su característico discurso equitativo, lo que lo llevo, en cada momento, a cuestionar el lema hipócrita "Menos Política y más Administración" del general quinquenista, Rafael Reyes, o renunciarle al presidente - General Ramón Gonzáles Valencia, la Cartera de Hacienda, con ocasión del "El Affaire" de las tarifas diferenciales de la harina, "gesto gallardisimo que atrajo las miradas del país hacia aquel ignorado jefe de provincia". Y continúan los relatores, Armando Solano y Felipe S. Paz, " Por ese raro instinto que agrupa a las masas entorno de los hombres superiores, aquí y allá, todos los patriotas, todos los corazones puros saludaron el aparecer de aquel noble varón que en el horizonte Nacional se mostraba con la talla augusta de los viejos patricios liberales".

Era el habla de entonces, quizá hoy incomprensible. Pero así irrumpió el Doctor Bossa en la Convención Liberal de Ibagué el 29 de marzo de 1922, convocada por el General Benjamín Herrera, y allí el hijo de Arjona-Bolívar, fue elegido como Presidente de esa Asamblea, en compañía de Tomas Uribe Uribe, de Antioquia, y el general Ramón Neira de Boyacá, donde el viejo partido subyugado hegemónicamente durante 45 años, trazó sus estrategias, para la reconquista de sus ideas, que no el poder, en 1930, con el triunfo electoral de Enrique Olaya Herrera.

Ese retrato publico de un civilista y Ex – Revolucionario frustrado, explican parte de su hoja de vida a saber: En 1903 secretario de gobierno y guerra de Bolívar en la gobernación de Francisco Insignares Sierra; en 1909, Ministro de Hacienda del General Presidente Ramón Gonzáles Valencia (3 meses); donde tuvo como compañero de gabinete a Miguel Abadía Méndez, posteriormente Presidente de la República; fue elegido Senador en 1910, y prefirió no asistir al Congreso sino al Consejo Municipal de Cartagena, para afrontar responsabilidades y compromisos con su tierra nativa; En 1910 declinó el llamado a ocupar el Ministerio de Hacienda en la Administración Republicana de Carlos E. Restrepo y la escogencia hecha por la Corte, Suprema de Justicia, para ocupar el cargo de Magistrado en esa Corporación; no acepto tampoco el Cargo de Consejero de Estado, en 1911; en 1917, y 1921, el partido liberal le ofreció la Candidatura a la Presidencia de la Republica, y con patrióticos Razonamientos no acepta las postulaciones; en los gobiernos de José Vicente Concha y Jorge Holguín, fue llamado a ocupar los Ministerios de Relaciones Exteriores y Obras Publicas, los cuales agradece pero no acepta, por considerar que estas eran maniobras conocidas de la hegemonía conservadora, para dividir el liberalismo, cuya estrategia en ese momento era el camino hacia el poder; por esta clara posición política del Doctor Bossa, el partido Liberal lo enalteció eligiéndolo presidente de la histórica Convención de Ibagué, ya citada atrás; consolidada su figura como un jefe Liberal a escala nacional identificado como un partido pluralista lleno de optimismo, con viejos ingredientes radicales, veteranos de la unión Republicana, banqueros y economistas formados en Europa y Estados Unidos, y un pueblo practicante en las primeras letras del Sindicalismo Colombiano, como uno de los pasos precedentes a 1930, la convención de Medellín, reunida en 1924 conformó la Dirección Nacional Liberal con el siguiente triunvirato: Simón Bossa, Tomas Uribe Uribe y Paulo Emilio Bustamante. Triunfantes las ideas liberales en 1930, bruñidas por largos años de injusticias, engaños y desprecios nacionales, con lideres capacitados en todas las fuentes intelectuales, políticas, sociales, económicas, jurídicas, sindicales, e internacionales, abrió las puertas de la República Liberal durante el lapso de 1930 a 1946; no obstante su discreto retiro lleno de orgullo al ver su hijo Simón Bossa Navarro presidiendo la Cámara de Representantes en el gobierno de Olaya Herrera, discretamente le respondió al Presidente Alfonso López Pumarejo, en 1934, que no podía acompañarlo como Gobernador del Departamento de Bolívar. Sin decirlo, el Presidente y el país entendieron que el patriarca de 74 años se debatía entre los latigazos sentimentales del hijo - bandera muerto y los deberes públicos. Quizá, como antes, habría superado la crisis, aceptando la oferta de López, pero el mundo del derecho y sus obligaciones terrígenas le brindaron mejor consuelo, y mas cierto horizonte. Desde ese instante fue el director incuestionable del liberalismo bolivarense, el consejero de los jefes de la Costa Atlántica y el amigo personal visitado por Eduardo Santos, en primer termino, López Pumarejo, Lleras Restrepo, Carlos Lozano y Lozano, Darío Echandía, Francisco J. Cháux, Jorge Uribe Márquez, Domingo López Escauriaza, Alberto Pumarejo Vengoechea, y dirigentes del litoral, como don Pepe Vives, Pedro Castro Monsalvo, Miguel Pinedo Barros, Armando L. Fuentes, Juan B. Fernández, Miguel Amin, José Francisco Socarras, Libardo López Gómez, Pedro Juan Navarro, Juan B. Barrios, sin olvidar el clan intelectual creado por inspiración de su conducta, cuyo idearium persiste, personalizado ayer en: "Aníbal Badel, Efraín del Valle, José Santos Cabrera, los hermanos Múnera Muskus, Víctor Céspedes, Demetrio Murillo, y Domingo de la Espriella". Y hoy, como en los símbolos indestructibles, en la parecida mesura del antiguo capitán civil, velan sus armas los descendientes vivos, por ejemplo: Simón Bosa López, Álvaro Angulo Bossa, Lucy Bossa (Artista), Eduardo Bossa Badel, Iván Tarrá Bossa, Edgardo Bossa Pallarez, y Jorge.

Lo mismo que el constitucionalista reconocido nacional e internacionalmente, doctor Jaime Angulo Bossa, honorable miembro del Tribunal de Garantías del Partido Liberal, quien ha fomentado las disciplinas jurídicas de su abuelo.

Jaime, casualmente me refirió la anécdota, que describe el sosegado realismo de su ancestro ante el inexorable final: cuando llegó a visitarlo en extrema unción el arzobispo de Cartagena, José Ignacio López Umaña, su contradictor de toda la vida, le dice "prepare su alma ante el Creador para rendir sus cuentas "A lo que el lúcido anciano le responde: "despreocúpese...despreocúpese, que yo lo recomendare por allá".

Sus últimos años, fueron como su matrimonio, tranquilos. El Doctor Bossa de 31 y Raquel Navarro Vélez de 17 años, procrearon en sana paz, once hijos magníficos, todos buenos colombianos. A esa morada acudió el país agradecido. Allí llegaron la Cruz de la Orden de Boyacá, y como legendaria autenticación de su juventud, se hicieron presentes los Masones de Colombia, para confirmarle su condición de "Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Neogranadino", ostentando el grado 33.

Al morir, el editorial de "El Tiempo", fundado por su amigo, el Ex presidente Eduardo Santos, lo calificó "Como una de esas cumbres morales que los pueblos tienen y veneran como guía de sus propios destinos". Pero el editorial se quedo corto en la mensura del hombre autentico.

Seis días después de la muerte del doctor Bossa, el Ex Presidente Eduardo Santos y su esposa Doña Lorencita Villegas lo definieron mejor, en el siguiente telegrama:

"Bogotá, marzo 7 de 1950

Señora Raquel Navarro de Bossa.

Cartagena.

Deliberadamente hemos dejado pasar algunos días después de la inmensa desgracia caída sobre su hogar, para enviarle la expresión de nuestros sentimientos de profundo pesar por la muerte del Doctor Bossa.

Fuimos honrados con su generosa amistad, testimoniada muchas veces en forma tan noble como inolvidable. Consideramos como un privilegio haber conocido de cerca ese varón ilustre en quien se encarnaron las mejores virtudes del liberalismo y las más altas cualidades del ciudadano.

Con su muerte desaparece uno de los grandes varones de la patria y uno de los más preclaros conductores que había tenido el liberalismo y desaparece también el jefe de un hogar modelo iluminado siempre por su ejemplo y por la pureza de su vida.

Acepten todos ustedes, Señora, y todos sus hijos, y toda su familia, el homenaje de nuestro respeto y de nuestra condolencia más sincera y sentida.

De todo corazón los hemos acompañado en esta hora amarguísima.

Amigos, "EDUARDO SANTOS, LORENZA DE SANTOS ".

En cuanto al jurista, más allá de su pulcro ejercicio profesional, leerán el libro, "Estudios Jurídicos" publicado en 1935, sobre derecho civil que aún es consultado por estudiosos del Derecho. En lo académico, hasta el final dicto sabiduría en la Universidad de Cartagena, donde su cuerpo fue velado.

En lo referente a la ética política y al desprendimiento ciudadano, este corto artículo demuestra, con citas su condición de estadista.

Sobre su sensibilidad popular, miles de testimonios cartageneros y costeños, presentan a este "ser" como un adelantado social, que se identifico con su tiempo y trazó planes en favor de las clases perseguidas de la región costeña.

En otros tiempos, durante varias veces ocupó la Presidencia del concejo municipal de Cartagena, desde donde impulso y proveyó lo suficiente para ejecutar, meticulosamente las obras de su ciudad, y orientar, las de, en ese entonces, olvidado Departamento. Era como una especie de triple legislador: Aplicando las leyes de la República, las ordenanzas de la Asamblea de Bolívar, y los acuerdos del Consejo Municipal de Cartagena, que presidió reelegidamente.

En suma, no era ni un gamonal ni un cacique mangoneador, sencillamente fue "Veedor" de las cosas de su pueblo. Eso explica él porque no acepto en su momento tantas y tan halagüeños ofrecimientos, venidos del "País de los Cachacos Mantuanos", de esas calendas. Pero no por complejo, ni aprehensiones, si no porque su mensaje hacia la nación Colombiana debía provenir de su patria chica y de su intima convicción de jurista, en casos de la patria y asuntos de bufete.

Colombia, el partido liberal, que esta vivo, por lo menos hasta ahora, debería recoger el legado de ese "Patricio", no para armar arbolitos de sangre azul en las sedes del liberalismo, ni colgar retratos, sino para recrear la doctrina que nunca muere, pero que por su propia dinámica, exige una permanente renovación hacía la llamada izquierda, en procura de los que nada tienen y que todo lo dan, siempre buscando el fortalecimiento de la patria común.

BIBLIOGRAFÍA:

Reportaje del doctor José de la Vega, 1943

Semblanza del doctor Rafael Ballestas Morales

Relatores Armando Solano y otros en la Convención de Ibagué

 

 
 
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